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La empresa que paga 18 mil pesos mensuales

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Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Jonathan Ruiz Torre

La presidenta Claudia Sheinbaum lo celebró; el secretario de Economía, también. Este viernes anunciaron una inversión de mil millones de dólares de la empresa texana Flex.

Bienvenida: todo suma. Pero entendamos dónde estamos parados: esta empresa informa a sus accionistas que paga a sus empleados en el mundo, en promedio, 11 mil 819 dólares al año. Eso equivale a unos 18 mil pesos mensuales, al tipo de cambio de estos días.

Pongamos una referencia para comparar: la emproblemada Ford, originaria de Detroit, paga 93 mil dólares anuales a sus trabajadores. Equivalen a 132 mil pesos mensuales.

Celebramos el crecimiento de otra empresa que viene a bajar costos, no necesariamente a generar prosperidad.

Pero Guadalajara ya tiene su anuncio del año: mil millones de dólares, cinco mil empleos nuevos, centros de datos con inteligencia artificial.

¿El trato? Horas de vida de mexicanas y mexicanos a cambio de salarios que no prometen ascenso social.

Flex cotiza en el Nasdaq con las siglas FLEX. Factura cerca de 26 mil millones de dólares al año. Es uno de los grandes fabricantes por contrato del mundo: ensambla, integra, prueba. Hace todo lo que sus clientes no quieren hacer, porque ellos hacen cosas más valiosas, más rentables.

Recientemente anunció una colaboración con Nvidia para desplegar lo que llaman “fábricas de inteligencia artificial a escala gigante”.

Dicen que combinan la escala manufacturera de Flex con el liderazgo en plataformas de Nvidia. Suena poderoso. Y lo es.

Pero hay un número que no apareció durante la conferencia mañanera del anuncio: el EBITDA ajustado de Flex ronda el 8 por ciento de sus ingresos.

Eso es manufactura de márgenes delgados. Muy delgados. Una empresa que opera con esos márgenes no invierte mil millones de dólares en México porque le sobre el dinero.

Lo hace porque México le permite mantener esos márgenes. O mejorarlos.

Guillermo del Río Ochoa, director de Desarrollo de Negocios y Relaciones Gubernamentales de Flex y presidente de Index Occidente, explicó que la expansión responde al crecimiento acelerado de la demanda de infraestructura tecnológica.

Tiene razón. La demanda es real. Pero la lógica también lo es: si puedes fabricar en Guadalajara lo que de otro modo fabricarías en Austin o en Singapur, y hacerlo a menor costo, lo haces. Eso no es traición. Es capitalismo básico.

El problema no es Flex. El problema es el patrón. México lleva décadas siendo el mejor ensamblador del continente y uno de los mejores del mundo.

Participa en cadenas de valor de alto nivel: semiconductores, aeronáutica, dispositivos médicos, ahora centros de datos para IA. Pero casi siempre como el eslabón que pone las manos, no el que pone la tecnología. El que ejecuta, no el que diseña. El que ensambla el rack de Nvidia, no el que fabrica el chip que va adentro.

Eso tiene consecuencias directas en los salarios. Los empleos que Flex traerá a Guadalajara, Chihuahua o Aguascalientes serán relativamente bien pagados para el estándar mexicano. Pero no se acercarán a lo que se pagaría por el mismo trabajo en Estados Unidos. La diferencia no es arbitraria. Es el modelo de negocio.

Piensen en Brickell o en el corredor tecnológico de Austin, Texas. Las ciudades que prosperan con la economía digital no son las que ensamblan los servidores. Son las que escriben el código que los hace correr, las que diseñan el hardware que los define, las que tienen la patente por la que todo el mundo necesita pagar.

México tiene el talento para estar ahí. Lo que todavía no tiene es la política industrial que empuje hacia ese lugar. México tiene el “síndrome del impostor”, ese que impide que la gente crea que es posible crear.

Mil millones de dólares en manufactura de centros de datos son una buena noticia.

Que México siga siendo el país que importa tecnología para reexportarla ensamblada: esa es la situación que nadie quiere explicar en la mañanera.

Mi postura: México es un lienzo para los creativos, para quien encuentre un problema y lo resuelva eficientemente. El capital vendrá como consecuencia.

Con ellos nacerán empresas y, sí, prosperidad.

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Jonathan Ruiz Torre

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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