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El elefante en la sala

Antonio Domínguez Sagols | Columna invitada
Hay temas tan dolorosos que preferimos no nombrarlos. Permanecen ahí, ocupando el centro de la habitación, como un enorme elefante que todos ven, pero del que nadie quiere hablar. La trata de personas, y particularmente la trata de niñas, niños y adolescentes, es uno de ellos. Problemas que desgarran el alma, pero justo por eso requieren de atención inmediata y como todos los grandes temas requieren de la intervención de toda la sociedad pero organizada desde el gobierno.
Nos resulta más cómodo pensar que ocurre lejos de nosotros, en otras ciudades, en otras familias. Sin embargo, la realidad es mucho más incómoda. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y Walk Free estiman que 50 millones de personas viven actualmente en condiciones de esclavitud moderna, víctimas de trata, trabajo forzoso o matrimonios forzados. El Informe Mundial sobre Trata de Personas 2024 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) señala además que el 53% de las víctimas identificadas son explotadas sexualmente, el 40% son víctimas de trabajo forzado y el 61% de las víctimas detectadas son mujeres y niñas. Asimismo, el 38% corresponde a niñas, niños y adolescentes, uno de los grupos más vulnerables.
Pero cuando aterrizamos estas cifras en México, el panorama resulta aún más preocupante.
De acuerdo con el 5.º Reporte sobre Trata de Personas 2024-2025 del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, hasta el 96% de los casos de trata en nuestro país nunca son reportados, lo que significa que miles de víctimas permanecen invisibles para las autoridades y sin acceso a protección. El mismo informe revela que el 51% de los reportes corresponde a explotación sexual; el 25% a trabajo forzado; y el 15% a explotación laboral y mendicidad forzada. La mayoría de las víctimas son mujeres y personas menores de edad, especialmente adolescentes de entre 13 y 17 años.
Y el silencio también forma parte del problema. La trata no siempre comienza con un secuestro. Muchas veces inicia con una falsa oferta de empleo, una promesa de amor, una oportunidad de estudio o una propuesta para ganar dinero fácilmente. Hoy, además, los tratantes han encontrado un nuevo terreno fértil, las redes sociales y los videojuegos.
El propio Consejo Ciudadano documenta que más del 45% de las víctimas atendidas entre 2022 y 2024 fueron captadas inicialmente por internet, principalmente a través de Facebook, Instagram, WhatsApp, Telegram e incluso plataformas como Roblox.
Por eso no basta con reaccionar cuando el delito ya ocurrió, la prevención sigue siendo nuestra herramienta más poderosa. Y aquí vale la pena reconocer el trabajo que realizan empresas como Volaris y diversas organizaciones de la sociedad civil. En vísperas de la Copa Mundial de Futbol 2026, junto con UNODC, el Consejo Ciudadano, organizaciones como Save the Children y organismos internacionales, impulsan la campaña "Mundial sin Trata", cuyo objetivo es convertir hoteles, aeropuertos, hospitales y centros turísticos en una red nacional de detección y protección de víctimas.
Sin embargo, ninguna organización podrá resolver sola un problema que también es cultural. Hablar de trata no significa sembrar miedo, significa educar. Significa enseñar a nuestros hijos que no todas las personas en internet son quienes dicen ser; que una oferta demasiado buena puede esconder una red criminal; que siempre pueden pedir ayuda y que nunca serán culpables por haber sido engañados.
También implica que los adultos dejemos de pensar que "eso aquí no pasa". Porque sí pasa y muchas veces ocurre frente a nosotros sin que logremos identificar las señales. La trata de personas prospera donde hay pobreza, violencia, desigualdad y crimen organizado. Pero también prospera donde hay ignorancia, indiferencia y silencio.
Cada conversación en una escuela, cada padre que habla con sus hijos sobre los riesgos digitales. Cada maestro que aprende a detectar señales de alerta, cada ciudadano que reporta una situación sospechosa. Todo eso salva vidas.
Hay elefantes en la sala que incomodan, pero ignorarlos nunca los hace desaparecer. Solo cuando nos atrevemos a mirarlos de frente comienza la posibilidad de cambiar la historia. Ser uno de los 3 países con mal alto índice de trata en el mundo es inaceptable, es una alarma que debemos atender y con urgencia.


