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Audiencias: crisis mediática para Morena

Diana N. Ronquillo | Pendiente Resbaladiza
Desde que la CRT inició la consulta pública sobre los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, la crisis mediática desatada para Morena no ha parado. El fuego que la alimenta no proviene de la oposición, o de los enemigos que el oficialismo tradicionalmente culpa para distraer la atención en caso de emergencia, sino que han sido el propio partido y sus integrantes quienes se han encargado cada día de avivar el fuego.
En un país con tanta apatía política como México, una consulta regulatoria como la de los Lineamientos probablemente habría pasado desapercibida para la mayor parte de la población. Si la propia Sheinbaum no hubiera llamado la atención sobre el tema, los únicos preocupados habrían sido los medios de radiodifusión directamente afectados, y algunas organizaciones defensoras de la libertad de expresión. Los comentarios habrían provenido de este grupo reducido, que tal vez se habría frustrado al cargar con la responsabilidad íntegra de defender el libre flujo de opiniones e información.
Pero la Presidenta no pudo resistir la tentación. Convencida de que censurar no es censurar, y confiada en que el pueblo lo entendería, se sintió con la seguridad para hacer eco de la consulta en la mañanera. No solamente se refirió al proceso desde inicios de la semana pasada, sino que el jueves, cuando fue cuestionada sobre la propuesta de aplicar los Lineamientos a su conferencia mañanera, reaccionó visiblemente ofendida, ofreciendo como solución “que no la vean” y aclarando que las audiencias “tienen esa atribución… ver o no ver la mañanera”. Sin darse cuenta, la Presidenta dio en el clavo. El principal derecho de las audiencias es decidir si ven o no ven un programa. Si el Gobierno interviene para sancionar u ordenar la suspensión de contenidos, está violando ese derecho porque les está impidiendo tomar la decisión por sí mismas.
Sobre la lógica de la Presidenta, la audiencia también tendría derecho a decidir si ve, o no ve, los contenidos de los medios operados por particulares, por lo que los Lineamientos tampoco tendrían que aplicarse a estos. La solución que ofreció Sheinbaum solamente levantó más descontento, pues exhibe la intención de Morena de eludir el cumplimiento de los Lineamientos en sus propios contenidos.
Cabe mencionar que la conferencia mañanera sí se encontraría regulada por los Lineamientos, ya que se transmite por concesionarios de uso público. De aprobarse la regulación, la Presidenta tendría que adoptar las medidas necesarias para no difundir información falsa, descontextualizada o información histórica como si fuera actual. También tendría que distinguir si sus declaraciones son opiniones o información noticiosa, y asegurarse de que el programa refleje la pluralidad de la Nación. Imaginémonos una mañanera en la que la Presidenta aclare si cuando dice que la oposición se conforma con “los más entreguistas de los entreguistas”, o sugiere que “no vean TV Azteca”, se trata de información noticiosa veraz, o de la opinión de la persona conductora. Pensemos en una mañanera en la que la Presidenta reconozca que hay publicidad encubierta para Morena, o ceda un porcentaje del programa para que otros, con opiniones disidentes, expongan sus puntos de vista sobre su gestión.
Otro comentario desatinado fue cuando la Presidenta dijo que si hubieran querido censurar “ya lo hubiéramos hecho, porque están los instrumentos, incluso la interpretación legal”. ¿Entonces la Presidenta ya hizo una interpretación legal que corroboró que tiene los instrumentos para censurar? ¿Tendríamos que estar agradecidos porque el Estado no utilizó sus “instrumentos” para censurarnos, y nos ofreció amablemente la oportunidad de hacer comentarios en una consulta que no es vinculante para la CRT?
Tampoco ayudó el boletín que difundió Morena el domingo, en el que señaló, entre ambigüedades y fanatismos, que es falsa la narrativa de que Morena nos quiere decir qué información es falsa. No está claro si sus redactores no detectaron la incongruencia interna del boletín, o simplemente les faltaba vocabulario. Por último, la propuesta de Nahle de crear un censo de periodistas para “ordenar a los medios” exhibió sin pudor los objetivos del oficialismo.

