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La debilidad de la demanda interna frena el déficit externo en México. El déficit fiscal y la inversión sostienen un elevado déficit comercial en EU
Las exportaciones mexicanas crecen con fuerza, pero el menor déficit externo responde a la débil demanda interna, mientras el elevado gasto en EU amplía su déficit comercial.

Carlos Hurtado | Columna Invitada
Las exportaciones de México han mostrado un desempeño notable. En junio superaron los 70,000 millones de dólares, un incremento interanual de 30%. En el primer semestre, el crecimiento fue de 24%, impulsado por insumos para el procesamiento de datos y computación. Las empresas mexicanas han sabido aprovechar la alta demanda estadounidense de componentes para inteligencia artificial, con un valor agregado creciente, ya que las importaciones de insumos similares crecen a un ritmo mucho menor.
A primera vista, este dinamismo sugeriría una mejora directa en la cuenta corriente (bienes y servicios) y en la balanza comercial (mercancías). Se anticiparía una reducción de su déficit o un aumento de su superávit. Sin embargo, en el análisis macroeconómico, la lógica no opera de forma lineal.
El dinamismo de un rubro específico no se traslada automáticamente al saldo agregado. La cuenta corriente en su conjunto es una relación macroeconómica fundamental: un déficit de la cuenta corriente (DCC) es el exceso de recursos que la economía absorbe —en consumo e inversión— sobre lo que produce (PIB).
DCC = gasto interno agregado (consumo + inversión) - PIB
Cuando el gasto de familias, empresas y gobierno supera el valor de la producción nacional, la diferencia necesariamente implica financiamiento externo o reducción de activos.
En México, el dinamismo actual de la inversión y el consumo internos es débil. Al ser baja la absorción, el déficit de cuenta corriente es reducido. En la medida en que esto persista, el DCC disminuirá, pero como resultado de la debilidad de la demanda interna y no de una fortaleza económica estructural.
El optimismo ante un menor DCC responde a una visión mercantilista tradicional —pensar que vender más al exterior de lo que se compra es siempre mejor— y al recuerdo de crisis pasadas asociadas a déficits excesivos. Hoy, el contexto es distinto: el DCC es bajo debido al aletargamiento de la demanda local.
En Estados Unidos ocurre lo contrario: la demanda interna de consumo e inversión es fuerte en el sector privado y se ve impulsada por un elevado déficit fiscal que inyecta gasto a la economía. Si estas tendencias persisten, el déficit comercial estadounidense seguirá creciendo, independientemente de los aranceles o barreras comerciales que se impongan.
Dado que la mayor parte del comercio de México es con EU, un menor déficit corriente en México terminará reflejándose en un mayor déficit comercial de Estados Unidos con nuestro país.

