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Abasto sanitario: El balance entre la infraestructura física y la sistematización de datos

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Óscar Flores | Columna Invitada

Óscar Flores

En el análisis estructural de las políticas públicas de salud en México, existe una interpretación recurrente que contamina el diseño de las soluciones logísticas: la creencia de que las crisis de abasto se resuelven mediante la integración de activos físicos. Históricamente, ante la disrupción de la cadena de suministro de medicamentos e insumos médicos, la respuesta instintiva del Estado ha sido anunciar inversiones considerables en CapEx; es decir, la construcción de almacenes, la adquisición de flotillas de distribución o la expansión de la capacidad instalada en metros cúbicos.

Sin embargo, visto desde la perspectiva de la economía institucional y la ingeniería de la cadena de suministro, este enfoque representa un error de diagnóstico que merece un análisis detenido. El verdadero cuello de botella en el Sistema Nacional de Salud (SNS) no es solamente la falta de espacio para almacenar, sino la asimetría de información y la ausencia de una arquitectura de datos integrada. Privilegiar la infraestructura física por encima de la sistematización de la demanda, la gestión de inventarios y la trazabilidad documental, equivale a construir una red de autopistas de peaje sin contar con un sistema para medir el aforo vehicular ni para cobrar el peaje; el resultado es un activo subutilizado que drena valor en lugar de generarlo.

Para que el modelo de compras públicas y distribución de insumos para la salud alcance la eficiencia operativa que el sistema exige, es necesario reconocer que la sistematización integral de los flujos de información tiene absoluta preeminencia sobre la infraestructura de distribución. La implementación de un modelo de logística moderna se construye con algoritmos, interoperabilidad y contratos inteligentes, no solamente con instalaciones, anaqueles y montacargas.

El origen de la ineficiencia sistémica radica en el primer eslabón: la incapacidad para capturar la demanda local e institucional con precisión milimétrica. Actualmente, la integración de la demanda agregada —el insumo primario para las compras consolidadas— se realiza, en la mayoría de los casos, a través de estimaciones históricas estáticas. Este modelo adolece del clásico "efecto látigo" (bullwhip effect); una ligera variación en el consumo real a nivel de clínica o unidad médica de primer nivel, al no ser registrada ni comunicada en tiempo real, se amplifica exponencialmente a medida que asciende por la cadena de abasto.

El resultado de la falta de sistematización de datos es binario con impacto operativo y financiero: o se incurre en sobreinventarios que generan mermas multimillonarias por caducidad (destrucción de valor público), o se produce un desabasto que obliga a compras emergentes a precios spot, anulando el efecto de economía de escala que la compra consolidada pretende capturar. Sistematizar la demanda requiere implementar modelos de analítica predictiva que crucen variables epidemiológicas, demográficas y de consumo en tiempo real (componentes del CPM), permitiendo que la demanda agregada sea un reflejo estadísticamente robusto de la necesidad clínica, y no una simple sumatoria de hojas de cálculo desactualizadas.

Una vez que el insumo ingresa al sistema, el reto se traslada hacia la gestión de inventarios y la trazabilidad de extremo a extremo (end-to-end). La trazabilidad no es únicamente una herramienta para saber en qué almacén se encuentra un lote de vacunas o de tratamientos oncológicos; es el principal mecanismo de gobernanza para mitigar externalidades negativas severas, tales como la falsificación, el desvío de recursos al mercado negro y el robo hormiga.

Un sistema de gestión de inventarios basado en la serialización y la identificación única de dispositivos médicos (UDI, por sus siglas en inglés) transfiere el riesgo del Estado hacia una matriz de control auditable. Permite aplicar políticas de inventario First-In, First-Out (FIFO) o First-Expired, First-Out (FEFO) con precisión sistematizada, reduciendo a un mínimo estadístico las pérdidas por obsolescencia.

Un argumento crítico a favor de la sistematización profunda se encuentra en la etapa final del ciclo de adquisición: la integración de cadenas de digitalización documental para la gestión de pagos y contraprestaciones. Este es, sin lugar a duda, el punto de falla más doloroso para el abasto de insumos para la salud y un importante distorsionador de precios en el mercado de la salud.

Cuando un proveedor de la industria farmacéutica o de dispositivos médicos entrega el producto en el almacén institucional, el proceso físico concluye, pero el proceso administrativo y financiero apenas comienza. La falta de un sistema digitalizado que vincule automáticamente la Orden de Compra, el Comprobante de Recepción (remisión sellada) y la Factura Electrónica, genera un pasivo contingente acumulable para la administración pública y una crisis de capital de trabajo para las empresas.

En la actualidad, el proveedor se enfrenta a procesos “manuales” de conciliación documental que pueden extender el ciclo de pago a 180, 240 o más días. Desde la teoría financiera, este retraso prolongado e impredecible no es inocuo; opera como un impuesto regresivo sobre la industria y destruye el valor del dinero en el tiempo. Para mitigar este riesgo de liquidez, las organizaciones mejor preparadas integran invariablemente una "prima de riesgo soberano" en sus modelos financieros, sin embargo, estos tienen un límite. El Estado mexicano podría terminar pagando un sobreprecio en cada caja de medicamento que debe comprarse de forma emergente, no necesariamente por la escasez de los insumos, sino para compensar la ineficiencia administrativa en la cadena de pagos.

Para las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) integradoras y operadoras logísticas, este modelo es letal, pues carecen del apalancamiento financiero para subsidiar las cuentas por cobrar del gobierno, lo que fomenta una concentración desequilibrada del mercado en aquellos jugadores con solidez financiera.

La hoja de ruta para la política pública es, en consecuencia, necesaria y urgente. El Gobierno Federal y la Secretaría de Salud podrían considerar una pausa estratégica en la asignación de capital para infraestructura física (CapEx) y reorientar asignación presupuestal hacia el gasto operativo y de capital en tecnologías de la información (OpEx/IT).

La propuesta accionable requiere el desarrollo de un Ecosistema Nacional de Abasto Digital. Este sistema debe operar bajo tres mandatos técnicos críticos:

Primero, interoperabilidad obligatoria mediante interfaces de programación de aplicaciones (APIs) que conecten los sistemas de los institutos (IMSS, ISSSTE, IMSS-Bienestar) con los ERPs de los proveedores adjudicados.

Segundo, la obligatoriedad de la factura electrónica vinculada a un comprobante digital de entrega georreferenciado, eliminando el papel de la ecuación de recepción.

Tercero, la implementación de contratos inteligentes que, una vez que el sistema registre la compatibilidad entre el pedido, la entrega física verificada y la factura, detonen automáticamente la conciliación y la liberación del pago en los términos contractuales pactados (ej. a 45 o 60 días), sin intervención humana ni firmas autógrafas, con trazabilidad por medio de sistemas digitales.

El fortalecimiento del Sistema Nacional de Salud no se medirá en los próximos años por los metros cúbicos de sus almacenes, sino por los terabytes de información procesada que permitan anticipar la enfermedad, garantizar la entrega del insumo para la salud correcta en el momento exacto, y dotar de certidumbre jurídica y financiera a la cadena de proveeduría. La sistematización integral no es una ventaja competitiva; es un requisito mínimo de viabilidad para la gestión de la salud pública.

Hoy cierro con una frase que se atribuye a W. Edwards Deming: "Si no puedes describirlo como un proceso, no sabes lo que estás haciendo.”

*Oscar Flores cuenta con 25 años de experiencia en el sector de la salud en México y Latinoamérica, fue socio fundador de una consultoría enfocada en el análisis de las políticas públicas en salud, salud digital y sostenibilidad. Y actualmente se dedica a la gestión de asuntos corporativos en materia de salud para la industria farmacéutica y la de dispositivos médicos.

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Oscar Flores cuenta con 25 años de experiencia en el sector de la salud en México y Latinoamérica, fue socio fundador de una consultoría enfocada en el análisis de las políticas públicas en salud, salud digital y sostenibilidad. Enfocado a la gestión de asuntos corporativos en materia de salud para la industria farmacéutica.

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