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Opinión

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¡Y sin embargo, progresamos!

Hay que poner diques a las deudas de los estados para que no vuelvan a salirse con la suya otros de la calaña de Moreira o Fidel Herrera.

Los rumores de corrupción rampante y administraciones ineficientes en el Estado de Quintana Roo son lugar común. Esos rumores se intensificaron recientemente hasta convertirse en clamor ante el caso del gobernador saliente Borge, sobre quien recaen acusaciones múltiples. ¿Está todo perdido en tan pequeña entidad federativa? Posiblemente, no. Apenas nos llegó una buena noticia en ese frente.

Bajo el mando de administraciones locales de probidad dudosa, la deuda pública de Quintana Roo creció en forma muy rápida y hoy es la más alta del país en términos per cápita, además de ser también en su género la que paga réditos más onerosos. Así, mientras que en promedio el servicio de las deudas de los estados se ubica en 4.8% anual, el de Quintana Roo es de 7.8 por ciento. La buena noticia es que la Legislatura local ya tomó providencias para que el endeudamiento del gobierno de la entidad se encuentre sujeto a controles y tenga supervisión.

Lo más importante son los candados que se aprobaron para la contratación futura de créditos por parte del gobierno estatal. El primero de esos candados es la prohibición de contratar deuda para pagar gasto corriente, además de tener la obligación de explicar con toda precisión el destino que se dará al importe de los financiamientos. Asimismo, los créditos que se propongan deberán contar con al menos la aprobación de dos terceras partes del Congreso local, además de demostrarse la capacidad de pago que se tenga para los mismos y precisarse la fuente o el establecimiento de las garantías correspondientes. Y una última pinza estará dada por la exigencia de tener que someter las nuevas deudas a condiciones de mercado, mediante la elección del prestamista a través del sistema de subastas. Así que el gobernador en turno ya no podrá seleccionar a dedazo al banco de su preferencia para que otorgue los créditos, quitando una posible fuente de corrupción.

¿Es el anterior recuento de candados aprobados motivo para echar las campanas al vuelo? Desde luego que no. En México las fuerzas de la corrupción política son todavía muy poderosas; sin embargo, las medidas comentadas van indudablemente en el sentido adecuado. La forma en que crecieron recientemente las deudas de algunos estados es un escándalo. Hay que poner diques para que no vuelvan a salirse con la suya otros Moreira o de parecida calaña, como Fidel Herrera.

bdonatello@eleconomista.com.mx

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