“¿Por qué no invertir en solares? Ya te dije, nos interesa más hacerlo en las presas que tenemos, en las presas agrícolas que estamos en plan de convertirlas en hidroeléctricas; tenemos la nuclear y tenemos otras posibilidades. Tenemos geotermia, por ejemplo, la geotermia es importante y podemos desarrollarla.”

Eso le dijo Manuel Bartlett a los diputados de las Comisiones Unidas de Energía e Infraestructura hace apenas un año. Sin mucho contexto, suena a que hay grandes planes hidroeléctricos. Pero unos meses después, el Programa de Desarrollo del Sector Eléctrico 2020-2034 de la Secretaría de Energía dio un poco más de detalle.

Entre 2021 y 2024, la CFE con presupuestos récord tiene planeado agregar 196 megawatts (MWs) de capacidad instalada hidroeléctrica, 0 MW de geotermia y 0 MW de nuclear. 95% de sus nuevas plantas serían fósiles, un claro retroceso.

Visto hacia adelante, se pone peor. Los 258 MW nuevos del programa repotenciación de hidros (durante todo el sexenio, en los términos anunciados por el presidente) representan 1.3% de la necesidad de adiciones de capacidad limpia de aquí a 2030, de unos 19,000 MW. Aun sumando los proyectos estratégicos para entrar en operación de 2025 a 2031 los resultados seguirían siendo escandalosamente insuficientes. En total, el Prodesen considera poco menos de 3,200 MW de nueva capacidad limpia en el próximo sexenio.

Si México dependiera sólo de la CFE para el desarrollo de nuevas energías limpias, al acabar la década habría cumplido con sólo el 17.9% de lo que requiere para cumplir con sus compromisos ambientales. Contando como viable el proyecto solar de CFE en Sonora que fue anunciado de forma intempestiva hace unos meses – a pesar de que extrañamente desdice las prioridades del propio Bartlett y atropella la necesidad de orden y planeación de la Secretaria Nahle (que apenas unos meses antes no lo consideraba en su documento de planeación), además de generar enormes retos técnicos y comerciales por su escala y localización -- el número sube marginalmente. Nos faltaría ni más ni menos que el 76 por ciento.

Claro que ninguno de estos cálculos considera el impacto que tendría que la CFE logre finalmente despachar sus indespachables, como plantea la reforma. De acuerdo con el prestigioso NREL del gobierno de Estados Unidos, cambiar el orden de despacho para darle prioridad a las plantas de CFE podría incrementar las emisiones de carbono del sector eléctrico mexicano hasta en 65%, haciendo virtualmente imposible que México cumpla con sus compromisos bajo el acuerdo de París.

Aun así, es evidente que a la CFE no le alcanza ni para el arranque de la transición. Ni en recursos ni en visión. Como dijo Bartlett en la misma comparecencia, “nosotros tenemos nuestra propia visión del impulso de la energía limpia y estamos atendiendo. Uno de los temas constantes del presidente es el reforzamiento, la repontecialización de todas las hidráulicas del país. Energía limpia, ¿verdad?” Lo de la propia visión queda claro. La duda razonable es si será suficiente para dirigir absolutamente la solución de Mexico a lo que hoy se considera el reto más grande de la humanidad. Y, aún más importante, si será correcta.

Hace un año, el director de la CFE decía: “No hemos buscado invertir en plantas [¿limpias? ¿solares?] porque tenemos prioridades. Las prioridades son generar más electricidad.” Lo cual nos lleva a otra duda razonable. ¿Y si las prioridades de Bartlett fueran equivocadas? En caso de que la reforma se apruebe, no habrá mucho que hacer. CFE “será autónoma en el ejercicio de sus funciones y en su administración, y estará a cargo de la ejecución de la Transición Energética del país”. 

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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