Desde hace un par de años he decidido hacer la mayoría de mis compras de temporada en línea. De hecho, ya se me ha hecho un hábito que cuando estoy en algún comercio físico y necesito algún producto, saco mi celular para buscar su precio en una tienda virtual. Simplemente para comparar. En general puedo decir que normalmente encuentro condiciones más favorables en tiendas virtuales, incluso en épocas de “grandes rebajas” o “ventas especiales”.

En algunos casos también hay la posibilidad de adquirir e importar fácilmente productos que no se encuentran en México (pagando, desde luego, los impuestos correspondientes, como es nuestra obligación).

En ese sentido, comprar en línea tiene grandes ventajas. En algunos casos es una experiencia sencilla, rápida, cómoda, nos da la oportunidad de cotejar precios y encontrar la mejor oferta para el producto que necesitamos. Aunque no siempre.

Pero, eso mismo también conlleva desventajas: es mucho más fácil comprar con nuestro dedo pulgar y eso nos puede hacer perder el control. Además, al igual que los comercios físicos, las tiendas en línea están llenas de “trampas” para que gastemos más. A continuación, algunos ejemplos:

1. Usualmente cuando seleccionamos un producto, aparecen recuadros que dicen: “quienes compraron esto también adquirieron estos otros productos” o “también te podría interesar esta otra cosa”.

2. Incluso si decidimos no comprar, el simple hecho de haber navegado y visto productos genera que, en redes sociales como Facebook, nos aparezcan anuncios que corresponden a productos que hemos visto en la tienda virtual.

3. Hay tiendas virtuales que, además, nos mandan un correo electrónico si algún producto que vimos mientras navegamos en ella tiene una oferta. Es bueno si es algo que queremos, tenemos contemplado en el presupuesto y estamos buscando la mejor oferta posible. Pero también nos puede hacer comprar algo fuera de nuestro presupuesto si no somos ordenados.

4. En muchos comercios en línea hay ofertas tipo flash que desaparecen en unos cuantos minutos si uno no las aprovecha en el momento. Favorece mucho las compras de impulso aun cuando sean productos que no necesitamos.

5. Cuando compramos en un comercio tradicional, tenemos que sacar la cartera y dar nuestra tarjeta de crédito o débito (o pagar en efectivo). En cambio, muchas tiendas en línea conservan nuestros datos y nos dan la facilidad de comprar con “un solo clic” sin pasar por el carrito de compras y sin la posibilidad de revisar nuestra orden. Eso puede ser conveniente, pero también facilita mucho las compras de impulso.

Vale la pena tomar en cuenta que, dado que uno no necesita desplazarse a una tienda para comprar, es aun más fácil perder el control. Una compra pequeña ahora, otra mañana, etcétera. Se puede perder de vista la cantidad total que hemos gastado, especialmente personas que no llevan adecuadamente su presupuesto. Luego por eso llegan sorpresas desagradables en el estado de cuenta de la tarjeta de crédito.

Personalmente he experimentado la necesidad de regresar a la tienda (física o en línea) para buscar otras cosas que deseo o tengo pensado comprar. A veces la tentación es mucha y he caído en ella (aunque siempre, por costumbre, viendo de qué otra parte de mi presupuesto voy a sacar el dinero para sufragarla). Ahora que menciono este tema, habré de recordar que, contrario a lo que la gente piensa, el presupuesto no es para restringirnos, sino un instrumento que nos permite tomar decisiones alineadas a nuestras prioridades. No se trata de no gastar, sino, dado que nuestro dinero es limitado, de decidir cómo hacerlo de manera más inteligente.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com