Apartir de la apertura comercial en 1993 hubo una reconfiguración de las exportaciones hacia productos con ventajas comparativas, lo que para México ha representado una importante oportunidad de negocio en el mercado agroalimentario

Entre los productos que ganaron participación en el valor de las exportaciones a raíz de la apertura comercial, destaca el caso del aguacate, al incrementar este valor en 8.9 puntos porcentuales en 20 años. También ganaron participación las frutas, los pescados y los moluscos, las legumbres y las hortalizas, y el maíz blanco, entre otros.

En el 2013, el jitomate, las legumbres, los aguacates y el pimiento contribuyeron con 45.5% del valor total de las exportaciones.

En ese sentido, la apertura comercial incidió de manera importante en la productividad del sector agropecuario. La mayor productividad, en parte, refleja un uso más intensivo de tecnologías y prácticas que permite a los productores alcanzar los estándares de calidad requeridos en los mercados externos.

En una primera entrega de esta colaboración hablé de que un aspecto fundamental para incrementar la eficiencia productiva que representa producir mejor y a un menor costo es la capacitación de productores y empresas.

En ese sentido, la curva de aprendizaje de un productor o productora, empresario o empresaria que inicia en la actividad es siempre más corta, ya que es posible adelantar el camino de ensayo-error-acierto mediante el entrenamiento de los equipos de trabajo que operan en los invernaderos, la asesoría al desarrollador de la empresa, e incluso para los mismos empresarios dueños, apuntalando mejor el éxito de sus proyectos, cuidando su patrimonio y, por ende, la recuperación de los recursos de crédito que se hayan solicitado ante el mercado financiero.

De igual manera, los productores y productoras con experiencia en la actividad pueden encontrar en la capacitación innovaciones tecnológicas para hacer un uso eficiente de sus recursos: agua (al contener fertilizantes no asimilados por él cultivo), fertilizantes orgánicos, insecticidas biodegradables, mallas bioclimáticas e injertos, entre algunos otros aspectos que es posible mejorar con capacitación y asesoría técnica. De ahí que existan en el país organizaciones privadas y públicas como los centros de desarrollo tecnológico, en el caso de esta última, que se encuentran a cargo de instituciones como FIRA.

Si usted es empresario o empresaria, productor o productora con interés en mejorar e incrementar su productividad recuerde que la capacitación es una inversión directa, proporcional y aumentativa del éxito de sus proyectos productivos.

Noé Gómez Avendaño es jefe de departamento del CDT Salvador Lira López de FIRA en Morelia, Michoacán. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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