A fines del 2019 todos los análisis y los datos que existían en torno a la aviación mostraban un panorama de expansión donde, incluso, se hablaba de que no habría suficientes pilotos ni slots en los aeropuertos para dar servicio a un tráfico aéreo que se duplicaría en unos cuantos años. Incluso, tropiezos como el del Boeing 737-MAX se percibían sólo como un escollo más o menos fácil de salvar que, en el peor de los casos, desplazaría hacia otros fabricantes la demanda de aeronaves por parte de las aerolíneas.

Sin embargo, la perspectiva, hoy, es muy distinta. De acuerdo con los análisis más importantes de la industria, la recuperación de los niveles que tenía el tráfico aéreo a fines del 2019, se dará, en el mejor de los casos, en dos años y en el peor, en cinco. Todo depende de la respuesta de cada país y aquí es donde encontramos que América Latina, como suele suceder, juega en las ligas menores. No importa que, como consuelo, se diga que -al fin y al cabo- los mercados globales responden al neoliberalismo y al capital voraz y etcétera. La realidad es que nos quedaremos atrás respecto a otras regiones donde el apoyo de los gobiernos no sólo es más sustancioso, sino sobre todo, más estratégico.

Es evidente que los países de América de Norte, Europa y Asia-Pacífico tienen una visión de más largo plazo y saben que el dinero lo deben apostar donde sea seguro que tendrá una recuperación más amplia y más rápida. No haría falta repetir que la aviación es pivote del turismo y del comercio, que son los que generan más divisas y son multiplicadores de negocios y generadores de empleo, pero es obvio quiénes lo están viendo y quiénes no. Veamos.

Según las cifras de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), los apoyos de los gobiernos de la región Norteamérica (EU y Canadá) han permitido inyectar 66,000 millones de dólares a las aerolíneas. Europa, lleva 30,000 millones de dólares y Asia Pacífico 26,000 millones. En contraposición, los gobiernos de América Latina apenas han desembolsado 300 millones de dólares y los africanos 800 millones. Obvio: multiplique usted el apoyo de hoy por la recuperación en tiempo y monto del futuro.

Más aún: mientras en Estados Unidos las aerolíneas han recibido ayudas equivalentes al 25% de sus ingresos operativos, en Latinoamérica esos apoyos no llegan al 1 por ciento. Súmele el hecho de que el regreso a la normalidad está siendo mucho más ágil y bien preparado en aquellas latitudes. Por cierto, para quienes tienen miedo de viajar en avión por los contagios, la IATA ha hecho hincapié en algo muy importante: la aviación siempre tiene como prioridad la seguridad (no sólo operacional); es flexible mientras la ciencia se pone al día; es un motor clave de recuperación económica; cumple con los objetivos medioambientales y opera con estándares globales armonizados continuamente con los gobiernos del mundo.

No cabe duda de que si la economía global debe salir adelante, será el transporte aéreo uno de sus principales motores y si no hoy, en unas cuantas semanas, los gobiernos del mundo se darán cuenta de lo urgente que resulta comprenderlo. Lo oí en 123.45: ¿Y Mexicana, apá?