La semana pasada el mundo de la ópera fue sacudido por una noticia: el tenor hispano-mexicano Plácido Domingo fue acusado de hostigar sexualmente al menos a nueve mujeres.

La primera sorpresa que uno se lleva es que una noticia así sorprenda. En todos los ámbitos laborales se practica la depredación sexual, así que la ópera no tendría por qué ser la excepción. Parafraseando a Nietzsche, la ópera es también una actividad humana, demasiado humana. El testimonio de las nueve mujeres es inquietante pese a que han pasado tres décadas. Los defensores de Domingo cuestionan las acusaciones objetando que no se hicieron en el momento de la agresión, sino mucho después. Y puede que tengan cierta razón, pero también hay que considerar que los parámetros de aquellos años son diferentes a los de hoy. Es cierto que un comportamiento que ahora es inaceptable hace 30 años no era considerado grave. No estoy minimizando las acusaciones, pero hay que tener en mente que no sólo Domingo, sino casi cualquier persona busca satisfacción sexual. Y no sólo los hombres, también las mujeres. Es importante mencionarlo, porque desde una óptica parcial podría satanizarse sólo al acosador hombre (la cantante pop Katy Perry ha sido acusada de acosar a hombres y a mujeres). Y también es muy importante tener en consideración que el sexo ha sido —y es— utilizado, desde los albores de la humanidad, como instrumento para alcanzar fines: he ahí la historia de Judith, que sedujo a Holofernes.

El éxito biológico de Homo sapiens se debe al sexo, y para una especie como la nuestra, que ha sido capaz de cultura y arte, la actividad sexual es un juego de seducción. Seducción no sólo es persuasión, sino persuasión sexual. Si ahora la lectora o lector tiene este artículo en sus manos es porque sus padres tuvieron un encuentro sexual, y este encuentro no habría sido posible sin una primera aproximación o insinuación de alguien. Claro, también existe la violencia sexual y es a todas luces condenable, pero no toda violencia sexual tiene el mismo grado. Es mucho más grave la violación que únicamente el abuso; y el abuso sexual es más grave que sólo el acoso; y el acoso sexual es más grave que sólo el intento de seducción. hoy en día cualquier agresión sexual se trata con la misma gravedad, especialmente entre las feministas radicales, y esto es un error. No estoy esbozando una defensa de Domingo, él tendrá que responder a las acusaciones. Por lo pronto dos importantes casas de ópera —Filadelfia y San Francisco— ya han cancelado sus presentaciones.

Hay un punto que llama la atención. Domingo ya emitió una declaración de la cuál se deduce que sostuvo un número indefinido de relaciones extramaritales. Y digo “extramaritales” porque Domingo lleva décadas casado. De lo que dijo el tenor queda claro que no niega haberse relacionado sexualmente con mujeres, mucho más de nueve. Tampoco voy a arrojar la primera piedra reprochando que sea casado; en todo caso su esposa es quien tendría algo que decir. Nada sería más molesto e hipócrita que adoptar una actitud puritana en este asunto. Es más, las prácticas sexuales y procedimientos de seducción de Domingo deberían permanecer en la esfera privada. La cuestión es que, si damos fe al testimonio de las nueve mujeres que claman ser víctimas, Domingo habría utilizado su poder en la industria de la ópera: habría utilizado su influencia y su posición para obtener sexo, y esto sí sería vil. Si hubiera seducido a mujeres fuera del ámbito lírico, no habría nada que reprochar. Pero las mujeres que dicen ser víctimas, todas ellas están relacionadas con la ópera: ocho cantantes, una bailarina. Por otro lado, sólo una de las nueve mujeres ha dado la cara. Las demás siguen en el anonimato. Desde el anonimato es muy fácil atacar, y para el atacado es virtualmente imposible defenderse.

Estas acusaciones podrán dañar la imagen de Domingo, pero no pueden demeritar tres hechos incontrovertibles: 1) que es el cantante de ópera más importante de su generación, un músico completísimo y uno de los más grandes exponentes en la historia de este arte; 2) que ha sido mentor e impulsor de cientos de cantantes y que es una persona comprometida con el talento; 3) que es altruista y ha apoyado a nuestro país en dos trágicos eventos: los temblores de 1985 y el 2017.

La música como bella arte, la ópera, el ballet son actividades realizadas por personas comunes: personas que sienten y desean. Como en cualquier otro ámbito, el sexo y la seducción están presentes.

*Venus Rey Jr  es músico, compositor, abogado, escritor y filósofo.

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