En 2019, el gobierno federal impulsó un programa de reforestación nacional que ya es ejemplo de buenas prácticas en el mundo. Con sequías e inundaciones provocadas por la deforestación, la nación vio morir cientos de miles de animales de pastoreo y sufrió una reducción drástica en la producción agrícola. Era urgente recuperar al menos 15 millones de hectáreas y tras sesudos estudios se dieron cuenta de que era posible hacerlo en tres años.

El trabajo fue ejemplar. Los actores de distintos niveles de gobierno participaron en la estrategia y a la reforestación se sumaron desde las unidades territoriales más pequeñas hasta las zonas transfronterizas, pero además, el programa sumó a distintas secretarías, para desconcentrar más la tarea. Los ciudadanos pueden involucrarse desde diferentes áreas y en concordancia con las necesidades específicas de las zonas en las que viven. Les digo, fue un éxito. En el primer año se plantaron 5,000 millones de árboles.

Eso no es aquí y no estoy hablando del “programa agroforestal más grande del mundo”, como le gusta al Presidente llamar a su proyecto “Sembrando vida”.  Es en Etiopía, un país federal como el nuestro, con 120 millones de habitantes y una extensión territorial muy similar. No, no es un país rico con el que no nos podamos comparar. De hecho, es un país mucho más pobre. Su PIB ronda los 100,000 millones de dólares anuales. El nuestro es 12 veces mayor. 

Sin embargo, su programa sembrando vida sí que funciona, mientras que el mexicano no sólo está atorado sino que es vergonzoso solicitar que se amplíe hacia Centroamérica para combatir el cambio climático. Comparemos. En Etiopía sembraron en un solo año 5,000 millones de árboles. Aquí, el programa emblemático propuso 575 millones para el 2020 y sólo sobreviven, según las cifras del gobierno mexicano, 80 millones.  

El 11 de agosto de 2019, en esa sola jornada, los etíopes sembraron 350 millones de árboles en su país. En contraste, durante todo ese año, el ejército mexicano entregó 37 millones de árboles para la reforestación. 

¿Por qué la administración de López Obrador tiene resultados tan pobres en comparación con un programa similar en Etiopía? Enumero dos razones evidentes. 

Primero. Allá la preocupación primordial es ambiental, nadie recibe recursos y todos pueden recibir árboles específicos para su región. Los plantan en programas comunitarios, estatales, federales, barriales o cada quien. Aquí la preocupación ambiental es marginal: el objetivo es desplazar recursos a mexicanos en situación de pobreza en el campo, lo que genera incentivos perversos para que muestren áreas desoladas a cambio del subsidio y reciban árboles que produce el ejército bajo una planeación central.  

Segundo. Allá la instrumentación es colectiva: todos los órdenes de gobierno (les recuerdo que Etiopía es una federación) están involucrados. Aquí es una tarea administrativa exclusiva del gobierno federal y una labor operativa de los militares-sembradores. 

El programa sembrando vida sí puede ser un proyecto agroforestal exitoso que recupere el rostro y las capacidades ambientales de millones de hectáreas deforestadas. No lo es porque no tiene objetivos ambientales, su operación es centralizada, las tareas de siembra están delegadas al sobreexplotado y multifuncional ejército y porque para colmo el que tiene terrenos deforestados sale ganando. 

Sembrando vida sí funciona, pero se llama Desarrollo Verde y en donde funciona es en Etiopía, no aquí. 

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.

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