En la Ronda 3.1 se adjudicaron 16 de 36 campos. Se lograron compromisos de inversión por 8,626 millones de dólares y, si todo sale bien, tendremos un incremento en la producción de petróleo de 285,000 barriles diarios  a partir del 2022. Podrían generarse, además, hasta 86,000 empleos adicionales y lograr avances en la producción de gas, un producto estratégico en el que está creciendo nuestra dependencia respecto a Estados Unidos.

Por todo lo anterior, podríamos calificar como un éxito esta primera licitación de la Ronda 3. Podríamos, pero debemos tener mucho cuidado con caer en la autocomplacencia. Peor aún, cometer el error de no atender algunas señales.

¿Cuáles señales? De los 36 campos que estaban en el aparador, no hubo interés por 19. En total, la subasta se declaró desierta para 54% de los campos. De las nueve licitaciones que la CNH ha celebrado, esta es apenas la segunda vez que la tasa de éxito en las asignaciones es inferior a 50%. La otra vez que ocurrió fue en la Ronda 1.1, cuando sólo se asignaron 14% de los campos. De ese fracaso, las autoridades tomaron nota e hicieron los cambios pertinentes. Desde entonces, el mínimo de campos asignados fue 60% y en dos momentos hubo 100% de éxito: en las rondas 1.3 y 2.3.

“Pemex fue el gran ganador de esta ronda”, dicen algunos comentaristas. Es muy pronto para saber si, efectivamente, fue el ganador. Lo que sí podemos decir es que Pemex fue el gran salvador de las licitaciones del 27 de marzo. La empresa se quedó con siete de los 15 campos asignados, con socios en seis de ellos. Sin el entusiasmo de la empresa que dirige Carlos Treviño, la Ronda 3.1 presentaría una cara muy diferente. Podemos suponer que el porcentaje de campos sin postores hubiera sido mucho mayor. No quiero implicar nada, pero más vale tomar en cuenta este dato: en ninguna otra jornada de licitaciones Pemex había tenido un papel tan protagónico. Aquí el protagonismo se justifica porque la explotación de los campos en aguas someras es uno de los puntos fuertes de Pemex. En esto, es de los mejores del mundo. En esta ronda, se subastaron yacimientos que se encuentran en aguas someras.

Entonces, ¿la Ronda 3.1 fue un éxito o todo lo contrario? ¿Cómo explicar lo que pasó? Una cosa parece clara: casi nadie quiere referirse al factor político para explicar los resultados, pero es obvio que hay un elefante en la habitación. Esta licitación es la última que se realizará antes de las elecciones presidenciales y es natural que los inversionistas hayan actuado con cierta cautela. Nadie puede reclamarles nada, ellos también están procesando la ambigüedad de López Obrador y su equipo en relación a la reforma energética.

Hay un riesgo político, pero también hay razones técnicas que explican los resultados de la subasta: la Asociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (Amexhi) se refiere al riesgo geológico. Los campos ubicados en la cuenca de Burgos y alrededor de Tampico despertaron mucho menor interés que los del sureste, entre otras cosas porque se trata de territorios de los que hay menor información de calidad y que cuentan con menor infraestructura para la exploración y explotación.

Hay riesgo geológico, pero también hay un factor político. ¿Cuánto pesa, como riesgo, ya saben quién?

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.