La próxima semana, la secretaria de Energía, Rocío Nahle, enfrentará su primer gran reto como representante mexicana en una arena global. Ante los mandatarios, ministros, funcionarios de multilaterales y ejecutivos globales reunidos en CERAWeek, le toca hacer a la energía mexicana brillar entre estrellas internacionales.

Antes de que empiece a hablar en su pánel, estará en desventaja. Los ministros de Brasil, Canadá y Colombia, que participan en la misma conversación, no sólo abanderan ideas y políticas más ortodoxas dentro del sector energético global. Sus países han decidido apostarle a construir puentes y conquistar las mentes y los corazones de los inversionistas como punto central de la estrategia de recuperación de sus sectores energéticos.

Brasil es quizás el más atractivo. Además de llegar montado sobre una ola de confianza de inversionistas globales, hay mucha expectativa en torno a las nuevas rondas petroleras y el replanteamiento del portafolio de Petrobras. Conforme la compañía se aferre exclusivamente a las oportunidades que considere realmente estratégicas y monetice el resto, el país está ampliando su capacidad de generar actividad petrolera y Petrobras estará liberando recursos para invertir en sus mejores prospectos.

Canadá, por su parte, es el más confiable. A pesar de que buena parte de sus recursos petroleros —muchos de ellos en arenas bituminosas— son más caros de producir, retiene su relevancia petrolera en muy buena parte gracias a la solidez de sus instituciones, su competitividad general como país para hacer negocios y su larga tradición de cuidar el Estado de Derecho.

Colombia, petroleramente hablando, es mucho más chico. Pero si su apuesta en hidrocarburos no convencionales —que incluye tanto a la petrolera estatal, Ecopetrol, como a la industria privada— es exitosa, su producción de crudo prácticamente se duplicaría, regresando a las épocas posreforma de máximos históricos.

A esta conversación, México llega con todo su potencial intacto. Quizás no tengamos tanta materialidad como Brasil, la facilidad para hacer negocios que hay en Canadá, o la urgencia para aprovechar el shale que tiene Colombia. Pero tenemos una gran tradición petrolera, mucha capacidad ociosa y un marco energético competitivo que, si le hacemos caso a los análisis internacionales, es de los más transparentes y flexibles del mundo, capaz de adaptarse a cualquier ciclo económico o político. El modelo energético mexicano es de última generación.

La mala noticia es que también llegamos arrastrando un pesado legado de retórica política. En los últimos meses, hemos dicho que no a las rondas, no a los farmouts, no al fracking, no a las subastas de energía de largo plazo, no a la línea de transmisión eléctrica. Hemos prometido salvar a Pemex, pero seguimos sin convencer aún a muchos de los inversionistas más interesados en que la compañía no caiga en impagos, para poder seguirle prestando.

Justo por este contexto, de posibilidades limitadas, la secretaria Nahle tiene la mayor de las oportunidades de robar cámara y redefinir la agenda energética mexicana. ¿Estaremos ya en el punto de dejar de delinear donde no y empezar a definir donde sí se puede invertir y crecer en nuestro país?

PabloZárate

Consultor

Más allá de Cantarell