Diversas variables nos indican que en efecto la economía mexicana se encuentra en etapa de recuperación frente al estrepitoso descalabro registrado desde finales de marzo, particularmente en abril, con mayo y junio también en terrenos negativos, pero menos graves que el cuarto mes del año. Ahí está el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) que en julio y agosto ha mostrado comportamientos positivos, quizá mejores que lo que vaticiniban diversos analistas. En el mismo sentido se ha observado una recuperación en el empleo, en el comercio exterior, en los pedidos manufactureros, las ventas de autos o las ventas de las tiendas de autoservicio. En casi todos los casos, la mejoría es respecto a lo que se observó en abril, mayo y junio, pero aún se ubican en niveles inferiores a lo registrado para julio o agosto de 2019.

Y ahí es donde se ubican los primeros trucos de quienes nos quieren hacer ver que el comportamiento reciente nos debería entusiasmar. Primero, porque pretenden hacernos olvidar que lejos de crecer en 2019, decrecimos. Entonces, el comparativo que se hace es contra un dato que ya viene afectado por las malas decisiones de política que la presente administración adoptó desde que inició. Así por ejemplo, en el tema del empleo, si la economía mexicana hubiera crecido al ritmo de su promedio de los últimos 10 años, por ejemplo y tomando en cuenta el crecimiento poblacional, en agosto de 2019 se habrían reportado probablemente 20 millones 595,000 empleos formales, y no los 20 millones 422,000 que observaron en realidad. Para agosto de 2020, siguiendo ese ritmo, el número de empleos formales debería ubicarse en alrededor de 21 millones 125,000 empleos. En lugar de eso, lo que se logró fueron 19 millones 588,000 empleos. Esto significa que si bien se observa una ligera recuperación en el empleo formal, tomando en cuenta la tendencia que traía la economía hasta 2018, hoy hay una brecha de 1 millón 537,000 empleos formales perdidos frente a esa tendencia.

Así que sí, debemos celebrar que ya no estemos en franca caída, que se observa que la economía se recupera, pero no olvidemos que nuestra aspiración no debería ser regresar a donde estábamos antes de la pandemia, sino a donde deberíamos estar de haber crecido al ritmo promedio histórico. Cuando nos detengamos a hacer ese ejercicio, nos daremos cuenta de la verdadera desviación que provocó a la economía mexicana la 4T. Es cierto que una parte importante de la desviación fue provocada por la pandemia del Covid-19, pero no podemos negar que la desviación podría ser menor, si el gobierno del presidente López Obrador hubiera reaccionado en forma más ambiciosa y oportuna, sin tanta carga ideológica.

No hay que perder de vista que gran parte de la receta secreta que presume el presidente fue adelantar los apoyos de varios programas sociales creados por él. La pregunta es, dado que ya se les adelantó casi todo el año, ¿con qué recursos harán frente esas familias a sus necesidades vitales en los meses de noviembre y diciembre? Suponiendo que permanecen las condiciones de lentitud en la recuperación y que la pandemia sigue ahí, ¿qué hará el gobierno para atender esa contingencia? ¿perderá ritmo la recuperación?

*El autor es economista.

Gerardo Flores Ramírez

Experto en telecomunicaciones

Ímpetu Económico