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Opinión

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¿Qué trama Mauricio Macri?

El miércoles 25 de octubre fue un día histórico. Sin embargo, el presidente no sintió la necesidad de cambiar su agenda. Lucía imperturbable, mientras Julio de Vido, el hombre más poderoso de los últimos años después de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, ingresaba a prisión.

El miércoles 25 de octubre fue un día histórico. Sin embargo, el presidente no sintió la necesidad de cambiar su agenda. Lucía imperturbable, mientras Julio de Vido, el hombre más poderoso de los últimos años después de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, ingresaba a prisión. En cada rincón de la quinta de Olivos se respiraba un clima reivindicatorio. Hacía pocas horas que Mauricio Macri terminaba de conseguir, quizá, la victoria electoral más importante de su carrera.

La fantasía del círculo rojo, sobre que jamás permitiría que de Vido fuera detenido por miedo a que prendiera el ventilador y complicara a su padre Franco o a su primo Angelo Calcaterra con sus negocios turbios, se terminaba de hacer pedazos.

¿Qué tiene en la cabeza de verdad Mauricio Macri? ¿Hacia dónde va? ¿Cuál es su plan estratégico? ¿A cuántos exfuncionarios, sindicalistas y empresarios más veremos ingresar a prisión? El presidente jura que la justicia se maneja con independencia del nuevo poder político, pero parece no ocultar su satisfacción ante la certeza de que algunos fiscales y jueces, de la provincia y de Comodoro Py, salieron de su letargo.

Macri explica que no gritó, como si fuera un gol de Boca, cuando le confirmaron la amplia victoria en todo el país o la derrota de Cristina. Tampoco sintió el resultado como una revancha personal. Macri no lo dice ahora, pero era el más convencido de toda la plana mayor de Cambiemos de que se iba a ganar con semejante contundencia. ¿Se guardó en su memoria una postal íntima y secreta del triunfo? No. Sólo recuerda, una y otra vez, lo que le pasó después de los festejos de Costa Salguero, cuando fue a comer, cerca de la medianoche, con Juliana Awada y Antonia Macri a Los Platitos de la Costanera. Primero se le acercó un taxista que lo vio de lejos. Lo abrazó bien fuerte. No lo quería soltar. Después lo volvió a abrazar, ya con lágrimas en los ojos, alguien que se presentó como un peón de taxi. No tenía la dentadura completa, pero su esperanza estaba intacta. No era que estaba a punto de: lloraba. Lloraba sin parar. Y casi le gritaba.”Yo le dije a la patrona: ¡Macri nos va a salvar. Macri nos va a salvar! Va a volver el laburo digno. Vamos a poder vivir mejor”.

Feliz pero agobiado, le respondió: “Por lo menos voy a tratar”. El presidente no se puede sacar esa imagen de la cabeza. Se pregunta: ¿un solo tipo, un solo Presidente, puede arreglar semejante quilombo? Se responde: es imposible. Ni aunque sea Superman. Ni aunque sea David Coperfield.

Macri espera que la sociedad lo siga acompañando, porque él, asegura, va a continuar defendiendo la idea de que la energía, el transporte y los servicios no pueden ni deben ser gratis. O casi gratis. Y que no se puede seguir viviendo por semejante déficit fiscal. Plantea que ese 3% tiene que dejar de demandar y que los sindicatos se deben modernizar para que aparezcan nuevos puestos de trabajo genuinos. Sentencia que la mayoría de ellos vive en Palermo, Recoleta, Palermo Chico, Belgrano y los countries de zona norte de la provincia. Que son los que, si la Argentina vuelve a estallar, tienen la capacidad y los recursos para tomarse un avión y aterrizar en Miami. El problema, reflexiona, es que él no tiene el poder para obligarlos a cambiar su conducta especulativa y oportunista. Que debe convencerlos para que aprendan a competir.

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