Después de la cruda que nos provoca la amarga noticia de la elección presidencial de Estados Unidos de América, vemos posibles escenarios de las acciones propuestas en campaña por Trump.

Indudablemente, el discurso xenofóbico y la promesa de expulsar de territorio estadounidense a más de 3 millones de indocumentados mexicanos tendrá consecuencias impactantes en la economía de Estados Unidos a un nivel macrosocial, pero se reflejarán también en las vidas de cada uno de ellos y de las personas a quienes han tocado; lo anterior, además de la amenaza latente de renegociar el TLCAN para imponer aranceles a las importaciones procedentes de México.

Dice el doctor José Antonio Vázquez, especialista en el estudio de las cocinas y trayectorias de migrantes mexicanos en EU, que tres cuartas partes de la mano de obra en las cocinas de los restaurantes estadounidenses son mexicanos indocumentados. Esto no corresponde solamente a los famosos restaurantes de migrantes o de cocina mexicana diseminados, por ejemplo, por todo California o Chicago. La trayectoria de estas personas no es bidireccional: generalmente muchos de ellos andan a salto de mata ; es decir, cambian no sólo de lugar de trabajo en la restauración, sino también de lugar de residencia dentro del territorio estadounidense. Estos cambios se traducen en que estas personas van ampliando su repertorio de técnicas de cocina y de servicio, además de ir integrando en su repertorio culinario nuevas técnicas, ingredientes o platillos que no sólo se quedan en el lugar de trabajo, sino que son también preparados y consumidos en el seno de sus hogares. Imaginemos por un momento que hay una deportación masiva de migrantes indocumentados: ¿qué van a hacer en sus lugares de origen personas que sólo han trabajado en la industria de la restauración con un entrenamiento profesional intensivo, en un pequeño pueblo donde la restauración comercial obedece a lógicas totalmente diferentes? En mi experiencia, al estudiar la alimentación de inmigrantes de Mali en territorio francés que también obedecían a esta lógica de las trayectorias de migrantes no lineales, encontraba que su exposición a productos franceses, sobre todo en aquellos que tenían hijos nacidos en Francia, hacía que existiera una especie de nostalgia e, incluso, incorporación de productos franceses a sus platillos tradicionales: agregar catsup o mayonesa de Dijon a un tchieboudienne (arroz frito con verduras, pasta de tomate y quimbombó). Podríamos entonces esperar, por ejemplo, que estas reconfiguraciones en la medida en la que los ingredientes y técnicas son reapropiadas por estas personas. Así tal vez, como es la historia de muchos de los migrantes que regresan a sus pueblos de origen, tendremos reconfiguraciones culinarias. Por ejemplo, los migrantes que regresan a sus pueblos de la región del Valle de Oaxaca intentan replicar lo aprendido en su experiencia migrante, como abrir un restaurant de pancakes de desayuno, de pollo frito, de comida china, de hamburguesas... hasta hoy sin gran éxito en la comunidad, pero al final son una manifestación de sus trayectorias de vida.

Habrá incluso muchos indocumentados que no regresen y, evidentemente, muchos compatriotas que tienen su estancia legal en Estados Unidos. Si se hace la deportación masiva o no, el discurso del odio permea de todos modos en una sociedad estadounidense que seamos honestos, sigue siendo racista, misógina y xenófoba en muchos sectores. El gran peligro y mal social del triunfo de Trump, más allá de que el Congreso lo deje o no cumplir sus promesas de campaña, es que hoy el discurso xenofóbico en el espacio público está legitimado por su propio presidente electo.

 

@Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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