La industria del Wellness o bienestar, hoy involucra diferentes conceptos que tienen que ver con el estilo de vida y el cuidado de la salud: la nutrición, la actividad física o deporte, las actividades encaminadas a mejorar la salud física y mental que van desde la terapia – alternativa y “tradicional”- hasta los masajes y cualquier método de relajación o disminución del estrés. 

Alrededor de todos estos temas, se ha desarrollado no sólo líneas de investigación científica sino también productos y servicios encaminados a atender las necesidades de bienestar en una sociedad que ha logrado alargar la esperanza de vida por medio de los desarrollos de la ciencia y la tecnología, pero que también vive probablemente, más estresada. 

El tema alrededor de todo lo que promueve el “wellness” es que paradójicamente, podría generar más ansiedad la pluralidad de opciones y recomendaciones en lo que se refiere a las mejores elecciones para comer, o a la mejor actividad física, o la mejor terapia de relajación. La pluralidad de opciones genera también una insatisfacción o inseguridad en haber tomado la mejor decisión para comprometerse con el bienestar de uno mismo.

Alrededor de esta problemática existen cada vez más voces que reclaman este bombardeo de informaciones que pretende que uno tome la mejor opción. Por ejemplo, con el tema de la alimentación, desde hace varias décadas sociólogos y antropólogos advirtieron sobre la ansiedad que provocaban los discursos maniqueos acerca de los alimentos, además del constante cambio en los discursos de salud pública sobre por ejemplo, el conteo de calorías, el contenido de grasa de los alimentos, el balance energético entre otras cuestiones que demandaban de cualquier consumidor sensible, no sólo un alto nivel de conocimiento acerca de los alimentos y sus propiedades, pero también, una readaptación constante a entender qué era entonces lo más recomendado para alimentarse saludablemente. 

Aunque esto fue analizado desde hace décadas, hoy está llegando a movilizarse en personas interesadas por su bienestar que advierten la gran inconsistencia de todos los discursos alrededor del mismo. Así como esto ya permea a la sociedad civil, cada vez se advierte más que el discurso del “wellness” o del “bienestar” podría ser la palabra de moda para encubrir conceptos que las personas automáticamente relacionan con temas ansiógenos, como las palabras “dieta”, “calorías”, “peso”, “masa grasa” y todo el vocabulario perteneciente a la jerga de nutrición que asocian a temas de fracaso, complicación, problematización o incluso insuficiencia personal. Por eso, el tema del bienestar visto desde el punto de vista de una industria, propone un tema complejo, ya que nos lleva a cuestionar si efectivamente esos productos y servicios que prometen bienestar, ofrezcan eso efectivamente, y la palabra no sea una muletilla para encubrir temas que constantemente producen ansiedad y frustración.

Detrás del bienestar existen muchos avances y descubrimientos importantes, pero también discursos contradictorios que no logran armonizar todo lo que una persona “debería de” hacer, pensar, consumir, comer, respirar para sentirse bien. En la medida en que estos productos y servicios nos hagan sentir más culpa que mejoría, probablemente ese no es el camino hacia los sentimientos de realización, o por lo menos de tranquilidad en un mundo donde hasta el bienestar es un tema de problematización o de culpabilidad. Pensemos dos veces antes de creer que cambiar un “síntoma” solucionará la fuente del malestar o incomodidad. 

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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