Estamos perdiendo nuestra privacidad a una tasa alarmante; no nos queda ninguna.

John McAfee, programador informático estadounidense y fundador de McAfee.

Recientemente tuvo gran difusión un escándalo que involucró a Facebook y a la compañía Cambridge Analytica por el uso que le dio esta última a información confidencial, obtenida por distintos medios, de usuarios de la red social y que fuera utilizada aparentemente en apoyo a la campaña del actual presidente de Estados Unidos.

Más allá de que el escándalo implicó la desaparición de decenas de millones de dólares en valor de mercado de Facebook, por las dudas respecto de su capacidad de mantener relativamente resguardada la información de los cerca de 1.4 billones de usuarios que participan en la red social de forma diaria, el tema generó la discusión de si dicha información es capaz de cambiar la conducta de las personas, por ejemplo, en una votación.

Lo que hizo Cambridge Analytica fue construir perfiles con la información de la red social, que le permitirá identificar a personas que, con base en sus patrones de comportamiento y opiniones vertidas, pudiese ser más proclive a recibir el impacto de noticias (ciertas, falsas o manipuladas) que favorecieran al entonces candidato a presidente de Estados Unidos. No se trata de información que pueda generar cambios radicales en la conducta de las personas.

Estudios al respecto muestran que las redes sociales sólo son capaces de reafirmar preconcepciones y percepciones ya existentes, pero no cambiar radicalmente los puntos de vista. Un sesgo de conducta conocido como de disponibilidad lleva a que las personas en sus redes sociales sólo accedan o compartan la información que ya refleja sus puntos de vista o que, en caso de exponerse a información contraria, típicamente la descarten sin mediar consideración o análisis alguno.

Ello es más que evidente hoy en día, cuando vemos el comportamiento en redes sociales cuando se manifiestan posiciones extremas, la mayoría de las veces extremadamente simplistas, en torno, por ejemplo, a uno u otro candidato presidencial. Vemos a personas que, al recibir información contraria a su punto de vista, tienden a ser exageradamente críticos, sin importar la posición política que manifiesten; pero, por el contrario, cuando la opinión que perciben es similar o consistente con su propia visión y perspectiva, tienden a darle difusión de inmediato.

Por otro lado, este escándalo permite reflexionar sobre el concepto de privacidad y cómo la forma en que la conocíamos ha desaparecido. Las personas declaran que valoran su privacidad, pero en los hechos son capaces de ceder parte de la misma ante lo que perciben como ganancias (mínimas) como las que obtienen en el uso de las redes sociales.

En un artículo publicado hace casi 10 años (“What Can Behavioral Economics Teach Us About Privacy?”, de Acquisti y Grossklags) se mostró que las decisiones relativas a la privacidad, así como las actitudes y comportamientos asociados a la misma, muestran inconsistencias en la conducta de las personas. Se destaca cómo el cuidado de la privacidad está directamente relacionado con la percepción que las personas tienen del riesgo. Una persona con baja percepción del entendimiento de las probabilidades de un riesgo específico tenderá a ser menos cuidadosa con la información que divulga o comparte, dado el hecho de que su percepción del riesgo inherente a que sea mal utilizada es muy baja.

Al igual que una persona que no tiene una adecuada concepción de riesgo en temas financieros es capaz de tomar una decisión incorrecta de inversión, porque ve en el corto plazo beneficios que cree son superiores al riesgo de la decisión, de la misma manera, una persona puede bajar su percepción de riesgo y permitir el uso de su información privada tan sólo por una recompensa de corto plazo (como la utilización de una aplicación en una red social); esto sin entender las implicaciones de corto mediano y largo plazo y que pueden comprometer su vida incluso financiera por el poco cuidado que mostró.

Entender adecuadamente las dimensiones del riesgo, tanto en la vida financiera como en el adecuado manejo de nuestra privacidad, es fundamental para evitar que decisiones con aparente beneficio de corto plazo, comprometan nuestra seguridad, la calidad de nuestras decisiones y en última instancia, nuestro bienestar financiero futuro.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

director_general@mb.com.mx síguelo en Twitter @martinezsolares

Raúl Martínez Solares

CEO de Mexicana de Becas

Economía Conductual

Desde 2006 fue Director Comercial de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo y a partir de enero de 2012 es Director General de esa empresa.

Es especialista en temas de estrategia de negocios y mercadotecnia; Economía Conductual, cambios demográficos y ahorro previsional de largo plazo, como pensiones y ahorro educativo.