El presidente electo ha anunciado un programa de 108,000 millones de pesos para apoyar a 2.6 millones de jóvenes sin oportunidades laborales. Este enfoque refleja que la situación laboral de los jóvenes mexicanos es verdaderamente crítica y, por tanto, es posible inferir que la implementación del programa no será una tarea fácil.

A los jóvenes les hemos vendido la idea de que una preparación académica es la clave del éxito laboral y su respuesta ha sido muy buena. El 54% de los trabajadores entre 20 y 29 años tiene un nivel educativo medio superior o superior. Para la población entre 50 y 59 años, este porcentaje es apenas de 30 por ciento. Los jóvenes están mejor preparados que nunca.

Desafortunadamente, la mayor preparación académica de los jóvenes no se refleja en sus salarios. El porcentaje de trabajadores que gana hasta dos salarios mínimos es de 56% para los jóvenes entre 20 y 29 años, versus 54% para adultos entre 50 y 59 años. Adicionalmente, el reciente libro de Santiago Levy muestra que los salarios de los jóvenes no crecen con la experiencia. Los jóvenes tienen bajos salarios hoy y parece que los tendrán durante toda la trayectoria laboral. Es urgente mejorar esta situación. Un elemento importante del programa para jóvenes serán las becas para que se capaciten o adquieran experiencia. ¿Cómo ha cambiado la inversión en estos programas en el tiempo? El presupuesto del año 2000 de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) incluyó 1,500 millones de pesos en ayudas, transferencias y subsidios en la partida presupuestaria “capacitar y otorgar becas a la población”. Este gasto representaba 0.02% del Producto Interno Bruto (PIB). El presupuesto del 2018 de la STPS incluye un total de 831 millones de pesos en subsidios (0.004% del PIB). México siempre ha gastado poco en políticas de empleo y ahora gasta menos.

Por todo lo anterior, es fácil justificar un programa ambicioso para apoyar a que los jóvenes consigan buenos empleos y para que este programa logre sus objetivos, hay aspectos que el gobierno debería cuidar, por ejemplo, que los jóvenes becarios no sustituyan a los empleados existentes, lo cual distorsionaría más un mercado laboral que ya está altamente distorsionado. Por esta razón, es importante especificar todos los derechos y responsabilidades de los jóvenes y empresas para que quede clara la diferencia entre un becario y un empleado, además de tener reglas transparentes para asignar a becarios a empresas. Asimismo, el programa debe monitorear el desempeño de cada joven becario para asegurar y certificar que esté adquiriendo habilidades que le servirán en el futuro. También será importante monitorear el éxito laboral posterior de los jóvenes para comprobar que el programa tiene un impacto. Además, sería recomendable que las empresas pagaran parte de las becas para que solamente las empresas con necesidades productivas reales decidieran pagar el costo para participar.

En resumen, es incuestionable que el desempeño de los jóvenes en el mercado laboral justifica una reacción importante del gobierno. No obstante, para que el programa de jóvenes tenga éxito, será necesario reforzar la capacidad institucional de las dependencias a cargo de la implementación del programa. Pese a estos retos, si el programa logra mejorar las preocupantes condiciones laborales de los jóvenes, el beneficio para el país será enorme.

*El autor es especialista senior en mercados laborales del BID en México.