En la primera parte hablamos acerca de cómo mucha gente, en lugar de ahorrar se endeuda, porque gastan por encima de sus posibilidades. Su gasto no es congruente con su nivel de ingresos. También mencionamos sobre cómo las personas no ahorran porque la manera como actúan no es congruente con las prioridades que dicen tener. 

Ahorrar, como explicamos, es condición necesaria para la formación del patrimonio. Invertir también lo es.

Ser congruente en la manera como invertimos nuestro dinero

El dinero de manera natural pierde su valor con el tiempo, por efecto de la inflación (aún si es baja, el deterioro es lento pero seguro). Por eso es necesario invertirlo.

Invertir nos permite, en primer lugar, proteger lo más posible el poder adquisitivo de nuestro dinero. Este debe ser el objetivo principal cuando se trata de inversiones de corto y mediano plazo.

Pero también nos permite lograr que el dinero crezca por arriba de la inflación, en el largo plazo. Es decir: que genere más dinero. Esto implica invertir una parte de él en instrumentos que tengan una cierta volatilidad (por ejemplo, en acciones de empresas que mueven al mundo) para ser parte de estas historias de crecimiento. Pero siempre de manera congruente con nuestra tolerancia al riesgo: no se trata de exponerlo de más o de que las épocas de crisis nos pongan demasiado nerviosos.

Mucha gente, sin embargo, no es congruente con sus inversiones, por ejemplo:

1. Muchas personas persiguen ganancias inmediatas, de corto plazo, aún cuando su objetivo de inversión es de largo plazo (por ejemplo, el retiro). Entonces saltan constantemente de un instrumento a otro buscando el que les pueda pagar más. Incrementan así muchísimo su riesgo: están especulando, no invirtiendo.

2. Otros invierten en buena parte de su dinero en instrumentos que no tienen nada que ver con su horizonte de inversión. Por ejemplo, personas que únicamente invierten todo su dinero, aún para el retiro, en pagarés a 28 días que pagan menos que la inflación, porque tienen miedo de perder. Están así, perdiendo con toda seguridad.

3. Personas que invierten parte de su fondo para emergencias —dinero que podrían necesitar de manera inmediata— en instrumentos de largo plazo y sujetos a mucha volatilidad (por ejemplo, en Bolsa). Otro ejemplo de buscar rendimientos sin tomar en cuenta el riesgo.

Las malas experiencias a la hora de invertir se dan, principalmente, por esa falta de congruencia. Se nos olvida que el principal riesgo tiene que ver con no alcanzar nuestro objetivo de inversión.

Ser congruente y proteger nuestro patrimonio

Muchas personas me dicen que su gran prioridad es la seguridad para su familia. Pero no tienen un testamento, ni un seguro de vida que les proteja: ni siquiera sus papeles en orden. Es una gran incongruencia.

De hecho, hay muchísimas personas que se quejan de las aseguradoras, pero que compran seguros “a ciegas”: sin saber lo que cubren, sólo porque se los vendieron o porque encontraron uno que es más barato que otros. Nuevamente: las malas experiencias vienen cuando sucede el siniestro y resultó ser un daño excluido. Pero también, debo decir, existen infinidad de personas que no reclaman a su póliza un daño que podría estar cubierto, porque simplemente no lo saben.

La congruencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos es fundamental, no sólo con respecto a nuestras finanzas personales sino también los demás aspectos de la vida.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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