El nuevo episodio que protagonizó Grupo México con un derrame de tóxicos en el mar de Cortés lo volvió a colocar en el centro del debate ante la patente incapacidad de la empresa por garantizar la seguridad ambiental que su operación le exige.

En cuestión de días se viralizó no sólo un video que evidenciaba el accidente ocurrido el 9 de julio, sino una serie de imágenes que retrataba las repercusiones que el desastre ambiental estaba teniendo para la fauna marina.

Incluso se multiplicó por las redes un llamado a “boicotear” Cinemex, cadena comprada en el 2008 por Germán Larrea Mota Velasco, director ejecutivo de Grupo México.

Hay que recordar que las utilidades de la compañía registraron un desplome importante en el 2015, por menores ingresos y mayores impuestos, consecuencia del derrame registrado en Sonora un año antes (2014), considerado aún una de las catástrofes ambientales más importantes del país.

Como en aquella ocasión, para este nuevo episodio han surgido las voces que piden quitar la concesión a Grupo México por la contaminación ocasionada.

A todo ello, la respuesta de la empresa a seis días de lo ocurrido (15 de julio) se mantenía en la escueta comunicación en que explicaba un vertido de 3 (tres) m3 de ácido sulfúrico por el fallo de una válvula en su terminal marítima de Guaymas.

Colocada en su cuenta de Twitter el 10 de julio, esa comunicación es precedida por un mensaje de que Grupo México promueve la conservación del lobo gris mexicano desde el 2008, y justo antes hay un retuit de su filial Ferromex informando sobre los esfuerzos de su iniciativa Dr Vagón.

Continuando con el scroll down, un post sobre el trabajo que hacen de la mano de los jóvenes para impulsar el desarrollo local, coronando el post con el hashtag #ResponsabilidadSocial.

¿Es Grupo México una empresa socialmente responsable? En este momento esto se contesta solo. La escueta respuesta ante los hechos; el daño ambiental ocasionado, otra vez; la percepción de reacción tardía y pasiva ante el desastre, nada de eso ayuda a Grupo México.

Sin duda, la responsabilidad social le permite a una empresa prever y gestionar mejor sus riesgos, ¿la estará aplicando de la mejor manera Grupo México?

Por lo pronto, abanderarse en el discurso de la responsabilidad social no la deja bien parada. Pero lo más delicado es que esto tampoco fortalece la percepción ciudadana de la responsabilidad social y, más aún, cabría preguntarse si en todo caso resta al nicho.

Ante ello, ¿qué postura debería asumir el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), que es uno de los aún más reconocidos organismos promotores de responsabilidad social en el país?

Hay que recordar que cuando ocurrió el derrame de agosto del 2014, Minera México, la división minera de Grupo México, ostentaba el Distintivo Empresa Socialmente Responsable (ESR), el cual entrega el Cemefi cada año desde el 2001.

Hasta el 2015, Minera México ostentó el Distintivo ESR, que para entonces ya sumaba por cuatro años consecutivos, mismo que el Cemefi decidió retirarle hasta que subsanara los daños ocasionados por el derrame.

¿Cómo habrá visto Minera México esa misión que para la edición 2016 del Distintivo ESR la propia empresa desistió de participar en el proceso?

Actualmente, Grupo México presume, en al menos seis de sus divisiones, el Distintivo ESR. Aunque la división minera ya no figura entre las distinguidas, vale la pena preguntarse si en la percepción social esto se identifica de esa manera.

Y, sobre todo, habría que cuestionar si desde el propio Cemefi debieran empujar de manera más proactiva y decidida el rigor con que algunas empresas asumen la responsabilidad social.

*Director general de Expok, agencia de asesoría y comunicación en responsabilidad social y sustentabilidad.