Los niños de las familias de Fide y Caro, a los que me referí como desconectados de la televisión en mi entrega pasada, ya están de regreso en sus casas gracias a la aportación de Nelly, una ciudadana más como yo, quien leyó el artículo y quiso ayudar enviándoles a sus pueblos dos pantallas de TV para que continuaran con la escuela.

Nelly no lo sabe todavía, pero esas dos pantallas de TV están sirviendo ahora para que otros niños de esos pueblos ubicados en Oaxaca y el Estado de México sigan el programa de estudios de la SEP a través de las televisiones que donó.

Desde que las hermanas de Fide y Caro supieron que llegarían las teles se organizaron con sus vecinas para ubicar las pantallas en donde otros niños pudieran reunirse también para seguir los cursos televisivos. Con algún criterio para salvaguardar la sana distancia, dividieron los tiempos por turnos según los grados escolares. Ahora me cuentan que son alrededor de 30 niños entre las dos comunidades los que están haciendo uso de la generosa donación de Nelly.

En la organización sobre el uso de las pantallas también distribuyeron los tiempos de los tutores para el acompañamiento escolar de los niños, así es que las mamás han podido liberar un poco de las cargas extras de trabajo que exige la escuela a distancia.

En Cacahuatepec, Oaxaca, las familias se turnan también para acompañar a los niños a un cerro cercano donde llega la señal de internet, y con distintos celulares que pasan de mano en mano para administrar de la mejor forma el uso de datos, ayudan a los niños a hacer la entrega de sus tareas en línea.

Con la donación que les hizo Nelly, estas familias están construyendo sus propias soluciones para tener acceso a la escuela.

Un laboratorio para los programas de responsabilidad Social

Si esto fuera la práctica de un programa de responsabilidad social, yo tendría que darle cuentas a Nelly sobre los resultados de su donación y este sería mi informe:

La donación de dos pantallas de televisión, con una inversión de 8,000 pesos, fue colocada entre dos familias de comunidades rurales. Actualmente alcanza un beneficio social para 30 niños de 7 familias marginadas.

Entre los logros de la donación están:

  • La promoción del trabajo colaborativo de los vecinos de la comunidad.
  • La generación de prácticas de autogestión del conocimiento.
  • Se redujeron las cargas de trabajo para las jefas de familia.
  • Se inició un proceso de alfabetización digital gracias a que los vecinos están aprendiendo a administrar los datos de su telefonía celular y el uso de cuentas de correo electrónico y WhatsApp.

Desde luego nada de esto corresponde a lo que pensábamos Nelly y yo, y creo que nunca estuvo en nuestro imaginario la respuesta tan orquestada de dos comunidades tan distantes. La realidad es que las comunidades pobres son capaces de crear sus propias soluciones sin demasiadas métricas preconcebidas.

Este modelo de trabajo comunitario cubre por lo pronto la necesidad inmediata de acceso a los contenidos educativos por la televisión, sin embargo, no resuelve los requerimientos del acompañamiento que necesitan sobre la experiencia del aprendizaje. Y ese es el escenario en el que no podemos seguir dejando a esas comunidades solas.

¿Hay algún programa de responsabilidad social que levante la mano para apoyarlos así como lo hizo Nelly?

* Elsa Díaz Coria Aguilar estudió comunicación y RP. Ha sido reportera, analista de información y desde el año de 1998 es consultora de comunicación para empresas y organizaciones del sector privado.

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