Calcúlese el costo social por la omisión de las autoridades para hacer cumplir la norma, innumerables conceptos de error, ineptitud o corrupción, el ciudadano paga, los miramos en la calle, el periódico, radio y televisión.

Camiones de basura que caen del cielo y aplastan coches y gente, nada insólito, es lo habitual, no pasa semana sin enterarnos de tráileres que chocan, vuelcan, destruyen, asesinan, la mercancía regada en el suelo es robada en un santiamén –pésimo síntoma, hay que decir- vialidades cerradas durante horas, los choferes en muchos casos se fugan, quién tiene licencia para manejar, cualquier pelafustán.

La locutora radiofónica interpela al responsable de tránsito en el Gobierno del Distrito Federal, insiste en una pregunta, el funcionario repite algo que no viene al caso, como disco rayado, no es que sea un individuo listo, que sabe escabullirse y sacar el bulto con habilidad, es un mecapalero mental.

Lo acostumbrado: ocurre el accidente, escandalera en los medios de comunicación, la autoridad se lava las manos, el responsable desaparece y mágicamente surge un chivo expiatorio, no vaya a ser que la suciedad salpique al jefe… hasta que las aguas tornan a su nivel, esto es, hasta que el cohecho y la impunidad vuelven por sus fueros: discotecas, guarderías, antros y un sinfín de establecimientos que ni siquiera imaginamos.

Otro ejemplo es el de la invasión de espacios públicos, que es de dos tipos: a) Con fines publicitarios del caudillo (bicicletas, maratones, espectáculos para el pueblo, albercas, pistas de hielo) y b) Con propósitos de facciosos, bienvenido todo aquello que vaya contra el espurio y su gobierno.

Me tocó ver la descarga del primer camión con material para instalar las carpas de la conquista de Reforma por las huestes lopezobradoristas, sencillísimo hubiera sido, hay que decir, desalojarlas pacíficamente. Se esfumó el plantón del Sindicato Mexicano de Electricistas en el Zócalo, curioso que de dicho paladín, de quién más haya obtenido el revolucionario gremio y de un día para otro, inmaculadas tiendas para alojamiento, agua, alimentos, sanitarios, luz eléctrica, servicio médico, sonido y transporte, todo para su manifestación.

El más oneroso intento de tapar el pozo es la lucha contra el narcotráfico o crímen organizado, no combatido a tiempo y tolerado muchos años. Algo peor: si caemos en permanente bancarrota económica por falta de acuerdos sobre la medicina que debe tomarse, ya ni tapar el pozo será posible.

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