Netflix cumple apenas 10 años de operaciones en México y pareciera que tiene aquí toda la vida. Es una percepción frecuente sobre determinados servicios de la economía digital: el proveedor de videos en línea YouTube, la mensajería instantánea WhatsApp, la plataforma de contenido global Facebook. Pero no es así. Casi todos son de muy reciente factura aunque tendemos a considerarlos como indispensables de nuestra cotidianidad.

Algunos servicios comerciales más longevos  y que ahora tienen presencia en México son Amazon, creado por Jeff Bezos en 1994 (comercio electrónico); el buscador Google, creado por Serguéi Brin y Larry Page en 1998 (servicios informativos), y Mercado Libre, creado por Marcos Galperin en 1999 (comercio electrónico).

Recuerdo a la reportera especializada en tecnología que a finales de 2010 se sorprendió cuando le asigné un artículo sobre Netflix: en aquel momento, los servicios de streaming eran todavía una innovación. Netflix, fundada por Reed Hastings y Marc Randolph como una compañía de renta de VHS y DVD, había comenzado su expansión internacional como servicio de streaming y era el nuevo gran disruptor de la economía digital. “Estás loco: eso nunca llegará a México. Para qué pierdo mi tiempo”, me respondió la reportera.

Netflix generó 25,000 millones de dólares en ingresos en 2020, con operaciones en 190 países, 12,000 empleados y 210 millones de suscriptores. Es una referencia en las nuevas formas de producción audiovisual, un impulsor de estándares para la transmisión de contenido bajo demanda y una empresa que experimenta enormemente con el análisis de los datos de tendencias y hábitos de consumo (incluidos los datos personales) para crear contenido más adictivo.

Desde septiembre de 2011, cuando Netflix se estrenó en México, se ha producido, diversificado y profesionalizado una oferta enorme de proveedores de video bajo demanda: Claro Video, Cinépolis Klic, Apple TV+, Disney+, HBO Max, Prime Video (Amazon), Star (antes Fox Premium), Paramount+, FilminLatino, Mubi. Además, tenemos la masividad de canales independientes a través de Roku, la hiperespecialización con Twitch o la sobresaturación con TikTok. Y nunca parecen suficientes.

La economía digital ha evolucionado años luz y también lo han hecho los proveedores de internet, la experiencia de gestión de redes entre proveedores y generadores de servicios, además de la oferta de contenido y los modelos de pago (hoy se puede contratar un servicio dentro de otro proveedor de streaming, como si se tratara de un canal dentro de otro canal o lo que en comercio electrónico se conoce como marketplace).

Estos progresos tampoco significan que hayamos alcanzado el cenit de desarrollo digital, pero en comparación con lo disponible hace un decenio nos encontramos en una situación diferente y mejor. Hoy la discusión no se basa en la posibilidad de que un servicio como Netflix inicie o no operaciones en México, ni siquiera sobre si la infraestructura instalada aguanta para que funcione con normalidad; hoy las discusiones tratan principalmente sobre cuánto contenido producido en México debe estar disponible en la plataforma, sobre cómo regular la contratación de propaganda comercial o electoral (como el product placement) o sobre la representación de grupos sociales y de identidades individuales y comunitarias. ¿Qué tocará discutir en los próximos 10 años?

Colofón: asigné el artículo sobre Netflix a otra persona, que después dio las primicias de la llegada de Spotify y de Amazon a México. Pero eso, como dicen, es otra historia.

José Soto Galindo

Editor de El Economista en línea

Economicón

Periodista. Desde 2010 edita la versión digital de El Economista en la Ciudad de México. Maestro en Transparencia y Protección de Datos Personales por la Universidad de Guadalajara. Tiene especialización en derecho de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Su blog personal es Economicón.

Lee más de este autor