Al 1° de diciembre del 2019 se cumplió un año del inicio de la 4T. Aunque muchos se empeñan en aplaudir a un gobierno que vive en una fantasía muy peligrosa, la realidad nos recuerda de manera contundente que, en un país en donde lo único que crece es la violencia, no hay nada que felicitarles.

Dos Méxicos se manifestaron el 1° de diciembre: uno acarreado con tono de júbilo artificial y el otro libre con tono de genuina preocupación. Aunque la superficialidad nubla la mente y visión de muchos, la realidad siempre termina imponiéndose delante de nosotros.

Hay quienes se empeñan en decir que el número de acarreados en el zócalo fue mayor al número de mexicanos marchando del Ángel de la Independencia al Monumento de la Revolución, o al resto de las marchas en el interior del país. Parece que no han entendido nada.

Resulta doloroso que, aquellos que más sufren, sigan siendo los más vulnerables a las mentiras y a la manipulación de un gobierno cuyo propósito es precisamente ése: multiplicar la pobreza para afianzar sus clientelas electorales y perpetuarse en el poder.

Basta que los lleven y los traigan ofreciéndoles una bolsa de comida para que aplaudan a quien los condena a seguir viviendo de manera miserable. Hacer eso también es corrupción pues, lejos de que nuestros impuestos generen verdadero desarrollo y bienestar, el gobierno despilfarra de manera irresponsable como preámbulo de la dilapidación de recursos que planean para comprar millones de votos en el 2021 y el 2024.

Vayamos más allá de la discusión superficial que busca distraernos de lo importante. Lo relevante del 1° de diciembre no fue una competencia de fotos para discutir dónde hubo más gente. Primero, porque es evidente que las marchas en el país superan por mucho el número de acarreados en el zócalo. Segundo, porque lo trascendente es entender que México está en la encrucijada de dos caminos: el de la libertad o el de la servidumbre.

El camino de la libertad es el único que puede llevarnos a la prosperidad.  Es el que podemos forjar los ciudadanos con nuestra propia iniciativa, trabajando juntos sin que el gobierno sea un obstáculo; colaborando de manera solidaria, emprendiendo, innovando, generando soluciones creativas a problemas comunes; defendiendo las instituciones para vivir bajo el imperio de la ley en un Estado de derecho en donde nadie esté por encima de nadie.

El camino de servidumbre es el que busca imponer este gobierno, queriendo controlar todo y manipular todo con una autoridad que esté por encima de la ley. Es el camino que se pavimenta con la imposición y el capricho de un solo hombre, que se asume como redentor de un pueblo deseoso de una verdadera transformación. Este camino no reconoce la dignidad de las personas ni respeta sus libertades pues, a través de una narrativa de odio y confrontación, busca polarizar para sacar ventaja política.

¿Qué camino estamos eligiendo? ¿Qué estamos haciendo para que, cada día, más mexicanos puedan entender, valorar y defender su libertad? Aún estamos a tiempo de elegir correctamente, pero necesitamos pasar la voz, unir fuerzas y ser mucho más creativos para trazar juntos el único camino que nos puede sacar de esta trampa mortal: el de la libertad.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.