Para avanzar con certeza necesitamos saber hacia donde vamos. Primero hay que definir el rumbo para que cada esfuerzo, por pequeño que sea, tenga el mayor sentido. Los jóvenes pensamos en qué país queremos vivir y después definimos cómo lo lograremos. Hace varios meses, distintos grupos de jóvenes iniciamos un intercambio de ideas para crear las bases del país que construiremos durante las próximas décadas. Esta visión hacia el 2050 nace de la confianza de una generación dispuesta a asumir su responsabilidad. Si no lo hacemos nosotros, difícilmente alguien más lo hará. Así vemos a México en cuatro décadas:

En el 2050, el ciudadano mexicano ha asumido la responsabilidad de una vida democrática, por ello entiende su libertad y hace el mejor uso de ella, reconoce sus derechos y responsabilidades y cumple sus obligaciones.

México es un país en donde impera una cultura de integridad, legalidad y orden; tiene un Estado de Derecho que rige la convivencia pacífica entre ciudadanos. Existen leyes simples para un entorno dinámico y complejo, donde impera la igualdad de oportunidades como eje del marco jurídico.

El sistema de justicia funciona y la seguridad está garantizada para todos. México tiene una educación de calidad que, además de ser accesible a todos, genera ciudadanos responsables, proactivos y emprendedores.

Se fomenta el desarrollo de la ciencia y la tecnología, y se privilegia la economía basada en conocimientos. México ha dejado atrás el rezago y la aglomeración, superando la carencia de servicios mediante una planificación estratégica y eficiente de su territorio. Los ciudadanos tienen acceso a servicios eficientes de salud.

La pobreza se ha reducido considerablemente y con ello se acorta la brecha entre clases sociales. La fuga de cerebros se ha detenido, pues las condiciones laborales son favorables a la inversión y las oportunidades de empleo han aumentado. México se ha convertido en un país a la vanguardia en generación de emprendedores y nuevos negocios.

El país tiene una economía fuerte y finanzas públicas sanas. Ha escalado posiciones en distintos índices ubicándose como uno de los mejores destinos para hacer negocios e invertir; es un mercado emergente en el umbral de convertirse en un país desarrollado.

La sociedad mexicana es protagonista de una vida democrática y existe un gobierno fuerte, pero limitado por el Estado de Derecho y por un sistema real de pesos y contrapesos que equilibran el poder público.

armando.regil@eleconomista.mx

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