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Opinión

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Megafraude en el IMSS (II)

El escándalo derivado de las subastas arregladas de medicamentos en el sector salud ha dado un giro dramático, al descubrirse que Carlos Abelleyra Cordero, director de Stendhal en México, estaba del otro lado de la línea y fraguaba, junto a Rafael Castro, de Novartis, el pago de sobornos a funcionarios calderonistas.

El escándalo derivado de las subastas arregladas de medicamentos en el sector salud ha dado un giro dramático, al descubrirse que Carlos Abelleyra Cordero, director de Stendhal en México, estaba del otro lado de la línea y fraguaba, junto a Rafael Castro, de Novartis, el pago de sobornos a funcionarios calderonistas.

Como correctamente anticipó nuestra compañera Maribel Coronel, las grabaciones difundidas por El Noticiero de Joaquín López-Dóriga dejarían al descubierto un caso de probable colisión. Ahora, los directivos de las empresas farmacéuticas deberán afrontar las consecuencias de este tsunami mediático. Y la PGR tendrá que investigar a los presuntos responsables de este delito federal.

La corrupción es un monstruo de dos cabezas. Una, la más visible y deformada, está conformada por malos servidores públicos. La otra, son los particulares que los engatusan. La implicación de Abelleyra­ Cordero en este asunto puede generar en un escándalo de proporciones mayúsculas. Heredero de una familia de farmacéuticos, licenciado en Relaciones Comerciales por el IPN, a principios de este año todavía se desempeñaba como Presidente de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica, en la que pasó cinco años. Inició su carrera en este gremio en 1985, como Ejecutivo de Ventas de Johnson & Johnson México. Su despegue en el mundo ejecutivo se dio en el 2000, cuando alcanzó la Vicepresidencia Comercial de División Farmacéutica de Wyeth. Dos años después, esa firma lo nombró Presidente de la División Centroamericana. Obviamente, estaba al frente de las operaciones en México.

Para el 2003, se convirtió en Presidente de LAWG, una integradora de una docena de empresas farmacéuticas de investigación en México con operación en Estados Unidos, entre las que destacan Abbott, Bristol-Myers Squibb, GSK, Eli Lilly, Janssen­-Cilag, MSD, Pfizer, Schering-Plough­ y Wyeth.

Desde entonces, Abelleyra Cordero era un personaje frecuentado por funcionarios de los tres órdenes de gobierno.

Además de las actividades propias de su cargo, se involucró en obras filantrópicas y actividades académicas y de investigación. Un hermano suyo Edgar Danilo es funcionario en la Conagua. Ahora, ha quedado claro que también tenía enemigos, muchos, dentro de la industria farmacéutica. A finales del año pasado, decidió dejar las actividades gremiales y regresar al mundo corporativo. Aceptó la Presidencia Ejecutiva de Stendhal,­ que ni más ni menos es el laboratorio líder en la fabricación de retrovirales en el país. En los meses previos, había reunido el capital suficiente para comprar esa empresa, que además de las patentes para los medicamentos que utilizan los enfermos de VIH, cuenta con productos para combatir la esclerosis múltiple y había comenzado con la introducción de una línea de artículos para cirugías cardiovasculares y tratamientos de cáncer.

Abelleyra Cordero se había trazado la meta de alcanzar ventas por 300 millones de dólares entre el 2010 y el 2012.

Obviamente, uno de sus clientes más importantes era el gobierno federal. Ante el escándalo de las grabaciones, es casi imposible dar el beneficio de la duda a este empresario. En desagravio suyo, baste decir que se cuenta entre los impulsores del uso extendido, pero regulado, de biocomparables y biotecnológicos, lo que le ganó enemistades entre sus antiguos aliados y entre sus competidores.

Pleito por serpaprosa

En suspenso ha quedado la operación por la que Brink’s Inc. la empresa especializada en traslados de valores más grande del mundo , obtendría el control absoluto del capital accionario de Servicio Pan Americano de Protección.

La Cámara Nacional de Autotransportes de Carga ha enarbolado una férrea oposición a que se concrete esta operación y llevó este caso a los terrenos legislativos por gestiones de su presidente José Luis Muñoz Márquez, quien alega con razón que esa actividad está reservada únicamente para mexicanos.

El pasado martes 9, el pleno del Senado de la República aprobó un punto de acuerdo para exhortar al gobierno federal a ceñirse a lo dispuesto en el artículo sexto de la Ley de Inversión Extranjera y, por ende, a evitar que Brink’s se hiciera del control de la empresa de traslado de valores.

En la tribuna, el senador panista Felipe González externó su oposición a que Serpaprosa quede bajo el control de oficiales foráneos y definió que se trata de un asunto de seguridad nacional, no sólo la mayoría de los empleados de esa compañía cuentan con permisos especiales para portar armas, sino porque el traslado del efectivo que circula en las sucursales bancarias y la mayoría de las empresas quedaría en manos de extranjeros.

Estaremos atentísimos de qué pasa y, claro, del lado de los autotransportistas mexicanos, que ya de por sí tienen conflictos con que se les haga válido a cabalidad los tratados de libre comercio con América del Norte , advirtió por su parte el senador priísta Francisco Arroyo Vieyra.

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