Para que el combate a la corrupción sea un éxito rotundo, lo que se debe tener en mente, es que se le debe atacar tanto en el pasado como en el presente, y acabar con los fantasmas.

Celebro rotundamente que Emilio Lozoya haya sido detenido, extraditado, y que con su llegada comiencen a salir a luz piezas de un rompecabezas que hará que salgan a la luz los abusos y se sacie un poco la sed de justicia. Porque, sinceramente, ¿De qué  sirve si quedan impunes los delitos del presente?

Con esto me refiero a las casas de Sandoval y Ackerman, el desvío de fondos de Yeidckol Polensky por obras que nunca fueron ejecutadas, y los contratos al hijo de Bartlett.

Porque la credibilidad y la imparcialidad, que son aquellas que van más allá del circo maroma y teatro,  se ganan cuando se pone en su lugar incluso a los allegados, y como bien dice el dicho: “ el buen juez por su casa empieza” y esta sería, sin duda, la mejor señal que podría enviar alguien que se ha planteado hacer las cosas diferente.

Recordemos que la justicia es ciega.

Lozoya fungió como coordinador de Vinculación Internacional en la campaña del expresidente Enrique Peña Nieto cuando fue candidato, desde donde presuntamente iniciaron los sobornos de parte de la empresa brasileña Odebrecht.

Siendo México y Venezuela los únicos dos países en donde los casos de corrupción de la empresa, que sacudieron a toda la región, han quedado impunes.

Por otro lado, otra de las acusaciones que recaen sobre el ex director de PEMEX, tiene que ver con la compraventa irregular de la planta de fertilizantes Agro Nitrogenados por 264 millones de dólares, que se realizó durante su gestión.

Evadió la justicia por 12 meses, hasta que el pasado 12 de febrero, fue detenido en España, desde donde originalmente se había negado a ser extraditado, hasta el pasado 30 de junio, cuando aceptó.

Ofreció grabaciones de audio y video en los que presuntamente ,se exhibiría el pago de sobornos durante las negociaciones para aprobar la reforma energética y así solventar la compra de plantas de fertilizantes, que podrían tocar no solo al expresidente Peña Nieto, sino también a ex secretarios de Estado, legisladores y empresarios.

Con las cuales intentará demostrar que él fue “un instrumento no doloso de la comisión del delito”, pues no fue el autor, de los actos de corrupción de los que se le acusan.

Quedando claro con esto último, que cabezas de personas importantes rodarán, cambio de su libertad, y la de su familia.

Mientras tanto, el presidente López Obrador, tiene una oportunidad única para unir, dejar de polarizar, y hacer que la justicia recobre su esencia, haciéndola llegar parejo a todos aquellos que, han hecho mal uso del poder, depositado en ellos por sus puestos. Sean del equipo o de la administración que sean.

Porque poco importa si es pasado o es presente, cuándo el daño y la deshonra son los mismos, y el pueblo afectado, también.

Lozoya es un buen inicio, pero es tiempo de hacer las cosas diferentes, y no perder de vista al presente que jamás podrá ser remplazado por el pasado.

El triunfo debe ser de todos los mexicanos.

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie

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