Vivimos en la era de las campañas permanentes y lo único seguro, es que nada, es seguro. Los nuevos estandartes de luchas aparecen como el pan de cada día. Los sucesos globales se interconectan con las realidades nacionales a una velocidad que cada día parece agarrar más fuerza y es aquí en donde la detención de Emilio Lozoya Austin, el Coronavirus y los muros aparecen en las miras de batallas eternas y otras que tienen su fecha en el 2020 y el 2021.

¿A qué me refiero con todo esto?

A que una de las máximas de la campaña de nuestro actual presidente ha sido acabar con la corrupción. La retórica permanece presente en la lógica de las mañaneras y si las cartas y los procesos, se juegan de la manera correcta, la detención del exdirector de PEMEX en España esta semana podría ser un estandarte poderoso de mira a la batalla del 2021 en donde 11 gubernaturas están en juego y se llevará acabo la mayor movilización electoral de la historia de México en tan sólo 1 día.

Lozoya Austin, además de haber sido uno de los hombres de confianza del expresidente Enrique Peña Nieto durante su mandato, ha sido catalogado como uno de los principales símbolos de la corrupción de ese sexenio. Se le acusa de haber adjudicado contratos públicos a cambio de sobornos millonarios con una cifra cercana a los 280 millones de dólares y de estar ligado al caso Odebrecht. Cuyos ejecutivos afirman que este último recibió 10 millones de dólares en sobornos para contratos.

México y Venezuela permanece como los únicos países en donde el escándalo de corrupción de la constructora brasileña, que sacudió a la región latinoamericana entera, no ha tenido consecuencias.

Las autoridades españolas ya han hecho su parte y ahora le toca a México mostrar que tan en serio va cuando se trata de transformar, máximas de campaña, en hechos.

Pero ¿qué tiene que ver esto con el 2021?

Si la justicia llega a ejercerse de manera sólida en este caso, MORENA tendrá un referente poderoso a nivel nacional que podrá ayudarle a arrebatar todo en el 2021. De lo contrario, una oposición desorganizada y que, apenas respira, podría encontrar su grito de guerra.

Por otro lado, el Coronavirus llega precisamente cuando Donald Trump ha señalado a China como el principal enemigo en materia comercial y cuando Xi Jinping y el Partido Comunista China reafirmaban su status de deidad sobre cualquier aspecto de la vida de ese país.

La  frustración y pánico entre la población han puesto en entredicho las medidas para "el mantenimiento de la estabilidad" de las autoridades, hasta el punto de que ni la maquinaria estatal ha podido frenar en su totalidad las opiniones adversas y la brecha entre gobierno y sociedad se ha abierto aún más. Pudiendo esto convertirse en la punta de lanza de la campaña de todos aquellos que añoran derrocar a Xi y a la China hegemónica.

Cuestión del oportunismo clásico de la comunicación política.

Finalmente, las medidas excepcionales de cuarentena en diez ciudades han dañado a las economías locales, por efectos del recorte del gasto, al mismo tiempo que la economía global ya comienza a resentir la disminución del dinamismo del giganta asiático ya sea en los bolsillos o por la ausencia de mercancías.

Parece que el virus se ha convertido en uno de los muros que tanto le gustan a Donald Trump en el momento de su reelección pero, la cuestión aquí, es saber a quién encierra.

El último en salir apague la luz.

@HenaroStephanie