Pocos placeres tan grandes para un niño mal educado o para un adulto autoritario (político o no) que derrotar y acosar a los que se oponen a sus deseos. Digamos que los berrinchudos, sean de la edad que sean, disfrutan enormemente saltarse las reglas, desconocer las leyes, y hacer lo que les dé la gana con tal de lograr sus objetivos. Los que somos papás recordamos alguna etapa en el desarrollo de nuestros hijos en donde si querían determinado juguete, les importaba muy poco hacer llorar a su hermano o violentar a su amiguito con tal de obtenerlo. ¡Así son los niños!

Afortunadamente en la gran mayoría de los humanos, entre los 8 y 12 años, los niños y adolescentes son capaces de abandonar el berrinche y de mostrar conductas socialmente aceptables.

Esta edad es muy importante porque en ella se manifiestan contundentemente conductas adaptativas que permiten construir amistades, aceptar al otro y lograr relaciones respetuosas con sus pares y mayores.

Sin embargo, esto no sucede en absolutamente todos los niños y niñas, y esos poquitos que no maduran en su inteligenia emocional ni social en la mayoría de los casos terminan tras las rejas o—¡atención! — tratando de controlar al mundo…y, lo peor, a veces lo consiguen.

En el siglo XX tuvimos ejemplos terribles de este tipo de personalidades trastorndas. Sobre Hitler, por ejemplo, uno de los autores que más trabajó tratando de entender a este personaje lamentable, fue Eric Fromm y tanto en Historia de la Destrucción Humana, como en Miedo a la Libertad se refirió a ese llamado ahora “narcisismo maligno” (el berrinche) que le costó tantos millones de vidas y sufirientos al mundo.

Hoy en estos locos años veinte del siglo XXI se despliega ante nuestros ojos una diversidad de personajes berrinchudos y por lo tanto desquiciantes, que nos han puesto (tanto como el Coronavirus), como se dice en mi pueblo: a parir chayotes.

Y ahí van apareciendo: Evo Morales en Bolivia, que dice que la reelección infinita es un derecho humano; o Duterte en Filipinas, que permite a la policía matar a los sospechosos sin juicio de por medio; Erdogán en Turquía, que ya cambió la Constitución para seguir gobernando hasta 2029; Bolsonaro que declara que usar cubrebocas es un “asunto de gays”, y hay muchos más…para llegar aquí cerquita con Mr. Trump quien es el único presidente de Estados Unidos sometido en dos ocasiones a juicio político por su inmadurez y nula capacidad para dejar de pensar solo en sí mismo.

La perorata enardecida del presidente de USA, incitó a la insurrección y al intento de la turba por tomar el Capitolio en Washington. Sus seguidores envalentonados y convencidos de un supuesto “fraude electoral” que Trump proclamó y del que no hay ninguna prueba, irrumpieron violentamente en el Congreso de su país dispuestos a todo para obedecer a su temible encantador. Al parecer, las instituciones de la democracia más antigua (que no perfecta) del mundo aguantaron y se está trabajando ya para que el intento de sedición no quede impune. Ojalá sea un buen escarmiento.

Este año, como bien sabemos, nuestro país enfrentará, el próximo 6 de junio elecciones intermedias que serán decisivas para la supervivencia de nuestra democracia. La negativa a respetar la veda en los medios de comunicación durante el periodo electoral, el ataque diario a los opositores, la denostación a los que se atreven a pensar diferente, los tribunales “a modo” y la programada y persistente desaparición de los contrapesos al poder ejecutivo, pondrán en riesgo la endeble salud democrática de nuestro país.

Necesitamos, para combatir esto, una ciudadanía alerta, enterada, valiente y dispuesta a defender los avances democráticos que tanto trabajo nos han costado. No podemos hacernos de la vista gorda y mirar para otro lado, es mucho lo que está en juego. En fin, los berrinchudos no deben ni pueden gobernar al mundo.

@TVale2012

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Toutube: Tere Vale, El Rapidín.

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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