La salud se ha convertido en el nuevo racismo. Lo que hacemos o lo que no hacemos en estos tiempos de pandemia, se ha vuelto crucial para determinar a qué grupo pertenecemos, y pintar una raya casi en automático con “el otro.” Del que habrá que cuidarnos, para sobrevivir.

No obstante, me parece que el tema aquí es que no todos pensamos igual y mientras para unos la salvación es la vacuna, para otros la salvación es no ponérsela, y este es un patrón que se repite incluso en la marca de las vacunas que nos fueron aplicadas, en el uso del cubrebocas, o en el número de personas con las que decidimos socializar.

Así el estilo de vida que nos divide en tiempos de un virus que a diferencia de los seres humanos, no discrimina.

He ahí la verdadera ironía.

Porque sin tantos rollos mentales el virus nos recuerda que todos somos iguales, aun cuando nos esforzamos en hacernos diferentes.

En el caso de los países, las mayores divisiones internas comenzarán a verse entre lo que pueden hacer los que estén vacunados y los que no. Viniendo los mayores retos tal vez en países como Francia, Gabón, Togo, Rusia, y Suiza, que según un estudio de la casa encuestadora Gallup publicado en 2018, figuran como los países con mayor escepticismo ante las vacunas.

Realidad que resuena no sólo con el hecho de que a pesar de que Rusia fue el primer país en desarrollar una vacuna tenga a tan pocos ciudadanos vacunados, sino que también con las palabras del presidente francés, Emmanuel Macron, quien ya ha comenzado a relacionar la vacunación con la libertad.

¿Seguirá significando los mismo libertad, igualdad y fraternidad? O ¿Será que el COVID-19 ya lo ha cambiado?

Porque en un anuncio que duró aproximadamente hora y media, para el martirio de muchos, Macron expuso una serie de restricciones que buscan llevar al máximo de franceses a los centros de vacunación cuanto antes. Haciendo del pasaporte sanitario un requisito obligatorio para entrar en reuniones públicas con un aforo superior a las 50 personas y que en agosto se extenderá a restaurantes, bares (incluidas terrazas) y medios de transportes de largo recorrido.

Además de que en octubre los tests PCR dejarán de ser gratuitos, dejando menos opciones a quienes rechacen vacunarse para obtener el certificado sanitario y que además quienes incumplan las normas se expondrán a sanciones. Ilustradas en la declaración del ministro de Sanidad, Olivier Véran, en la que le anuncia al personal sanitario que sin no están vacunados para el 15 de septiembre, no podrán trabajar y no serán pagados.

La sentencia está hecha y esto es algo que no solamente ocurre dentro de los países, sino que también entre ellos, y todo depende si la vacuna que tenemos nos pone en la lista de los deseables o de los indeseables para poder entrar al lugar a dónde queremos viajar.

Hasta el momento, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) ha recomendado el uso de las vacunas de Pfizer, Moderna, Johnson &Johnson y AstraZeneca para personas mayores de 18 años, a la vez que mantiene las de Sinovac y Sputnik V en revisión. Mientras que de este lado del mundo, países como Canadá señalan que sólo las personas inmunizadas con las vacunas de Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Johnson & Johnson serán admitidas.

Esa es la crónica de la nueva temporada de la serie de “nosotros” y “los otros”, que lleva tantos capítulos como la humanidad, y que ahora ha encontrado en la salud un nuevo factor de división.

La tolerancia será clave en los años por venir.

Twitter: @HenaroStephanie

Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.

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