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Opinión

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Lecturas del movimiento antidietas

Liliana Martínez Lomelí

En los últimos años, en diferentes medios masivos así como en medios de divulgación científica, se han divulgado discursos agrupados bajo el nombre de “movimiento antidietas”. Éste se basa parcialmente en algunos hallazgos científicos sobre la relación entre el peso, la comida y la salud, y en otros casos, sobre los movimientos sobre “body positivity” (positividad del cuerpo), health in all sizes (salud en todas las tallas) y otras denominaciones que se suman a la idea de base de que vivir la vida haciendo dietas restrictivas para perder peso no es sustentable, debido, entre otras cuestiones, a que diferentes estudios han demostrado que eventualmente las personas vuelven a ganar parcial o totalmente, los kilos perdidos.

El tema detrás de todo esto es que finalmente, no es un movimiento en el sentido sociológico del término, sino una tendencia que en el fondo, está compuesta de diferentes micro tendencias que en algunas ocasiones, podrían ser complementarias, pero en otras, también muy contradictorias. El tema de los kilos de peso corporal no es nuevo, pues científicamente ya se estudiaba desde los 60s que la composición corporal era más importante para mantener la salud que los kilos de peso corporal. La simplificación del mensaje para audiencias masivas se centraba en consejos de salud pública alertan sobre la vigilancia de mantener un “peso saludable”. A esto se agrega también que en muchas ocasiones la búsqueda de una silueta en específico es por razones estéticas y de aceptación social, más que por razones de salud.

Ante el panorama de nuestra alimentación en las últimas décadas, los discursos en torno a la cuestión “anti dietas” son muy variados, y hace falta desmenuzar cada uno de ellos con atención, no sólo para analizar los argumentos detrás de cada uno de ellos, sino también las evidencias científicas que los respaldan. En ocasiones hay argumentos de tipo científico que tienen que ver con la salud, en otras, son argumentos de tipo social o psicológico, que tienen que ver con los procesos de aceptación del cuerpo de propios y extraños, más por razones de ideales estéticos. Hay incluso dentro de todo este esquema, propuestas de tratamientos en las que se induce al cambio de hábitos de manera sustentable, y no al seguimiento de un plan alimenticio que no será sustentable por un largo período de tiempo para la persona que decidió mejorar su alimentación y su salud. Bajo todas estas premisas se incluyen después, todas las oportunidades comerciales y de lucro que puedan caber bajo el término “anti dietas”.

Lo paradójico de la situación, es que algunos de estos productos y servicios, terminan basándose sobre el principio  del gasto energético, es decir, que las calorías consumidas deben de ser menores a las calorías gastadas por el cuerpo para provocar un déficit energético y la pérdida de peso. En muchos casos se basan en listas de alimentos permitidos y no permitidos, lo que vuelve a hacer sentir a las personas que se encuentran bajo dietas restrictivas. Si bien la cultura de las dietas ha significado para muchas personas perjuicios en su relación con la alimentación y la salud, los enfoques multidisciplinares que toman en cuenta otros factores de vida son esenciales para que los estilos de vida saludables sean sustentables a lo largo del tiempo, sin que las personas recurran a tácticas de prohibición o de exceso sobre los alimentos que ingieren. 

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Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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