Si no atinan en las estimaciones básicas del comportamiento macroeconómico del país, todo el resto de los cálculos de ingresos estarán equivocados, pero quizá esa sea la idea.

Mientras más fallen las estimaciones consideradas por el Congreso, más se justifica que el gobierno federal pueda meter mano para corregir las pifias en el gasto público.

La discusión en San Lázaro del paquete de ingresos se centró en las propuestas de la incorporación de los jóvenes de 18 años al Registro Fiscal y la limitación de las deducciones de las personas físicas de los donativos que hagan a las organizaciones altruistas de la sociedad.

Horas y horas de discusión para que prácticamente no se cambiara nada y con ello dejaron poco tiempo para una aprobación fast track de la Ley de Ingresos y de la Ley Federal de Derechos.

La estimación de incremento del Índice Nacional de Precios al Consumidor del 3.4% para todo el 2022, si bien está en línea por ahora con los cálculos de los analistas privados, es un hecho que subestima las presiones inflacionarias que amenazan con extenderse en todo el mundo.

Ya está superada la discusión sobre la temporalidad de las presiones en los precios, lo que sigue es ver el impacto que tendrá en la formación de precios los incrementos en los energéticos y materias primas que hoy vemos.

Pecan de optimistas con el nivel estimado de producción de petróleo de Pemex, de 1.8 millones de barriles diarios, pero se desquitan con la subestimación del precio en apenas 55.1 dólares por barril. Pero bueno, este es el precio más difícil de calcular porque depende de las situaciones más extrañas para su fijación, así que es mejor ser conservadores. 

El tipo de cambio también es un volado, ubicarlo en 20.30 pesos al cierre del próximo año es un buen deseo al que, por cierto, poco contribuye el gobierno con sus intentonas de contrarreformas como la energética y próximamente la electoral.

Pero aquello de crecer a 4.1% el próximo año está por ahora más del lado de la imaginación que de una estimación sensata. Se creyeron que el posible 6% de rebote del Producto Interno Bruto (PIB) este año es gracias a su transformación y no a un rebote desde ese sótano de -8.5% en el que cayó el PIB el año pasado.

Las inversiones no fluyen en México por el ambiente de desconfianza, el sector exportador tiene cuellos de botella en la proveeduría, la energía y la logística, y el mercado interno muestra ímpetu sólo para recuperar el nivel perdido el año pasado.

Si fallan los cálculos básicos, fallan las estimaciones de ingresos y con eso habría menos recursos para el gasto. Y como ya ha crecido mucho la deuda pública, la salida son los recortes discrecionales del gasto público que, en el nombre de la austeridad, acaban por afectar la inversión en infraestructura y gasto social que no estén directamente relacionados con los proyectos asistencialistas y faraónicos del actual gobierno.

Falta la mano de los senadores en todo ese paquete de ingresos, pero la apuesta se inclina más hacia la obediencia que a la congruencia.

ecampos@eleconomista.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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