Es más conservador y neoliberal subsidiar el precio de las gasolinas, que beneficia más a los que tienen automóviles y mientras más grandes los autos mayores los beneficios, que destinar recursos para apoyar a los trabajadores de menores ingresos que en medio de la crisis derivada de Covid-19 perdieron su trabajo.

La diferencia está en la manera como Andrés Manuel López Obrador, en sus épocas de opositor, simplificó al máximo los temas de mayor trascendencia económica del país.

La crisis financiera de 1994-95 pudo haber sido peor, hasta la bancarrota del país, si no se hubieran garantizado los ahorros de millones de mexicanos que no dejaron de ir a los bancos por su dinero. Desafortunadamente, en el camino sí se cometieron abusos por parte de aquella generación de banqueros.

La oposición de la llamada izquierda compró el muy redituable discurso del saqueo del país vía el Fobaproa, que era el Fondo Bancario de Protección al Ahorro. Nombre pegajoso que simplificaba la responsabilidad de esa crisis. Y López Obrador lo banalizó todavía mucho más deplorando cualquier tipo de “rescate”.

Cuando la pandemia de SARS-CoV-2 obligó a los mexicanos al confinamiento se desató la peor recesión de la que tengamos historia en casi 100 años. Esto afectó la gran mayoría de las actividades económicas, pero muy en especial a los trabajadores formales e informales.

Los asalariados e informales de menores ingresos pudieron haber recibido un ingreso mínimo vital, pero a los ojos del gobierno de López Obrador eso era equivalente a rescatarlos como a los bancos y el Fobaproa.

Así que millones de trabajadores y sus familias quedaron a la deriva porque esos mexicanos más pobres aparecían ante la mirada de la 4T como una reedición de los banqueros de los 90.

México fue el único país de desarrollo medio que dejó a sus ciudadanos a su suerte frente a la crisis económica por Covid-19.

Vino después el fenómeno inflacionario, agravado por la invasión rusa a Ucrania. Pero aquí los antecedentes ideológicos del régimen eran otros.

López Obrador tuvo una muy redituable campaña preelectoral usando la liberación de los precios de las gasolinas para hacer enojar a las clases medias en contra del gobierno anterior.

Evidentemente que con esos antecedentes era imposible que dejara que las presiones mundiales en los precios de los combustibles lo llevaran a ser autor de un nuevo gasolinazo. Por lo tanto, al costo que sea, mantiene los precios subsidiados para no hacer enojar a esas clases medias.

La titular del Servicio de Administración Tributaria, Raquel Buenrostro, calcula la pérdida de 400,000 millones de pesos en ingresos tributarios por este subsidio a los que tienen auto. Seguro que el ingreso mínimo vital pudo haber costado menos.

No apoyar a millones de trabajadores en plena crisis de Covid-19 ahorró recursos que pudieron aumentar la deuda pública, lo cual suena altamente neoliberal.

Usar cientos de miles de millones de pesos para subsidiar una parte del costo de llenar el tanque de gasolina de los que tienen automóvil, básicamente clases medias y altas, suena por demás conservador.

ecampos@eleconomista.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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