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Las estrategias de reaprovechamiento de alimentos son responsabilidad compartida

La inflación que han sufrido los precios de los productos alimenticios, obliga a los consumidores a buscar estrategias de aprovechamiento y consumo para reducir los costos en alimentos.
Analizando los diferentes suplementos dedicados a la alimentación, de algunos de los principales medios del mundo, encontramos diferentes notas que hacen alusión al mejor aprovechamiento de los ingredientes y productos alimenticios que se consumen durante estos meses. Se alude a esta necesidad principalmente por el aumento en los costos de alimentos alrededor del mundo.
Las estrategias de consumo, apelan generalmente a las maniobras y estrategias que tendría que hacer el consumidor para procurarse alimentos no tan caros que puedan satisfacer sus necesidades. Estas estrategias incluyen desde comprar en tiendas de descuento, planear detalladamente un presupuesto de gasto en alimentos, planear los menús, establecer estrategias culinarias creativas en las que se reaprovechen los sobrantes, experimentar con combinaciones diferentes, echar mano de métodos de conservación como el congelado, las conservas y las salmueras, entre muchas otras estrategias. Parecería entonces, que además de una detallada planeación para no gastar de más, se requiere también de mucho tiempo y recursos de conocimientos culinarios para poder echar mano de todas las estrategias que se proponen. De por sí, la alimentación diaria requiere de toda una serie de planeaciones, elecciones y renuncias que a muchas personas agobian. Pero la realidad también es que históricamente, la creatividad del ser humano en tiempos de escasez, de guerras, o de crisis económicas, es lo que ha engendrado platillos que después se vuelven íconos como la sopa de cebolla, las migas, el puchero, y muchas otras confecciones que echan mano de lo que esté disponible.
Los esfuerzos por reducir el desperdicio de comida por otro lado, no repercuten solo en el bolsillo, sino también en la crisis ambiental, ya que la producción de alimentos requiere de una gran cantidad de recursos naturales con impacto directo en el medio ambiente. Cualquier esfuerzo por reaprovechar la comida contribuye de manera positiva a esto. Sin embargo, aunque las estrategias se sugieren al seno de los hogares, es una realidad que la inflación y la crisis mundial de comida, no responde sólo a la forma en la que se gestionan las sobras, sino a un tema estructural de la equidad en la accesibilidad a alimentos.
Por parte de la tecnología e innovación, diferentes empresas siguen desarrollando tecnologías para que el aprovechamiento de los restos de comida sea cada vez mayor, al innovar por ejemplo, con máquinas que convierten ese desperdicio en alimento para gallinas.
Así, podemos ver que la responsabilidad entre consumidores e iniciativa privada está compartida, mientras que la pregunta no tendría que ser cómo el consumidor tiene que rediseñar y adaptar su consumo en una de por sí deteriorada dieta diaria, sino en cómo las diferencias estructurales ejercen cada vez mayor presión sobre poblaciones que cada vez son más vulnerables a las variaciones de precios de los productos alimenticios básicos. Las estrategias individuales no son inútiles en el impacto que puedan tener sobre el medio ambiente o en la economía de las familias, siempre y cuando, haya también una respuesta contundente con acciones precisas de las instancias macrosociales responsables para hacer más equitativo el acceso a alimentos que satisfagan las necesidades físicas, emocionales, culturales y económicas de poblaciones que cada vez más se ven afectadas a repensar, reducir o rediseñar la forma en la que consumen alimentos.

