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Las amenazas ocultas: carencias y riesgos del PEF 2024

En un momento en que muchos países del mundo están avanzando hacia la normalización de sus políticas fiscales después de tres años de crisis pandémica, México parece estar tomando un camino diferente. El presidente López Obrador ha presentado ante el Congreso de la Unión el Presupuesto Federal 2024 (PEF2024), en el que se propone un aumento significativo en el apoyo a proyectos emblemáticos de su sexenio, como el aeropuerto, el Tren Maya y la Refinería, además de un incremento en los programas sociales. Sin embargo, este enfoque expansivo va acompañado de un límite de deuda tres veces mayor que el límite actual, lo que resultará en un déficit público equivalente al 5.4% del Producto Interno Bruto (PIB), el más alto desde 1988. Este contraste entre la política fiscal mexicana y la tendencia global hacia la normalización plantea interrogantes sobre la sostenibilidad financiera del país en un momento en que otros se esfuerzan por reducir la deuda y abordar la inflación y los riesgos financieros. En este artículo, examinaremos el presupuesto de México para 2024 en el contexto de la situación económica global y los desafíos fiscales que enfrenta el país.
Según el Fondo Monetario Internacional, después de que la deuda pública alcanzara casi el 100% del PIB mundial en 2020 debido a la recesión económica y el fuerte apoyo gubernamental de países con economías avanzadas y mercados emergentes, los déficits fiscales han disminuido a medida que las medidas excepcionales relacionadas con la pandemia han terminado. El año pasado, la mayoría de los países endurecieron tanto su política fiscal como monetaria, lo que resultó en la mayor disminución de la deuda pública en 70 años. A finales del año pasado, la deuda pública se situó en el 92% del PIB, aún 8 puntos porcentuales por encima de las proyecciones previas a la pandemia, aunque los déficits primarios también están disminuyendo y acercándose a niveles anteriores a la pandemia, sin embargo, hay países en los que la dinámica de la deuda se deteriora a mediano plazo; uno de ellos es México.
El proyecto de presupuesto para el año 2024 presentado por el Gobierno de México revela una marcada orientación hacia el gasto público destinado a programas sociales, con un aumento del gasto neto total que alcanza los 9.02 billones de pesos, lo que representa un incremento real del 7.1% en comparación con el año anterior. Gran parte de este presupuesto se destina a transferencias en efectivo a través de programas sociales, con un porcentaje significativo de alrededor del 67.6%. Además, el PEF2024 contempla un preocupante aumento del 41% en términos anuales reales en la partida destinada a la deuda, que alcanza el 19.2% del presupuesto total. Esto significa que una quinta parte de los ingresos del Gobierno provendrá de préstamos que no irán necesariamente a proyectos productivos, violando con esto la Constitución que obliga a que la contratación de deuda esté atada a inversión que de réditos a la nación, esto es, que haga crecer su cartera de activos rentables.
Sorprendentemente, se observan recortes drásticos en áreas críticas como el medio ambiente (-7%), el turismo (-98%) y, un presupuesto de salud que apuesta los recursos al todavía incipiente IMSS Bienestar. Además, se destaca el notable incremento en el presupuesto asignado a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) con un aumento del 131.8% en comparación con el año anterior.
El FMI enfatiza la importancia de mantener una política fiscal coherente con la política monetaria para garantizar la estabilidad financiera, los precios, y redes de protección social focalizadas, para los hogares vulnerables -particularmente en relación a salud y seguridad alimentaria- sobre todo cuando aumentan las tasas de interés para controlar la inflación y los costos de la deuda pública. También advierte la necesidad de mantener un margen fiscal disponible para responder rápidamente ante nuevas crisis inesperadas -como fue la pandemia por covid19-, esto es, construir amortiguadores fiscales mediante reformas que incrementen los ingresos fiscales pero, a diferencia de épocas anteriores, procurando el diseño e implementación de estrategias sustentables. ¿Qué está haciendo México en este sentido?
El PEF2024 plantea un déficit primario de 1.2% del PIB, un déficit presupuestal de 5.4% del PIB y requerimientos financieros (deuda global del gobierno federal) equivalentes a 48.8% del PIB, lo que indica una política fiscal expansiva por parte del gobierno en su último año de mandato. Voces reconocidas, como el doctor Isaac Katz advierten que esta expansión fiscal parece impulsada por proyectos costosos y caprichosos, como el Tren Maya y la Refinería Dos Bocas, además de aumentos en el presupuesto para las pensiones de "adultos mayores" que son muy difíciles de sostener en el largo plazo sin una reforma fiscal que se enfoque en incrementar los ingresos que se están perdiendo, como los ingresos petroleros. Aquí, hay que subrayar el cuestionamiento respecto de las premisas sobre las que el proyecto de PEF2024 está construido. Los ingresos petroleros son quizá el ejemplo más claro; los criterios generales de política económica, que acompañan al PEF2024, prevén una plataforma de producción de petróleo optimista, especialmente considerando que en la realidad en este sexenio la producción de Pemex no ha podido despuntar, a pesar de los recursos transferidos a la petrolera que sumarían 1.5 billones de pesos en esta administración, monto equivalente al presupuesto total de la petrolera en el 2021, según cálculos del IMCO. ¡Dato alarmante!
Otro ejemplo de las premisas del PEF2024 a cuestionar, es el crecimiento económico pronosticado. El gobierno prevé un crecimiento del PIB más optimista que los analistas económicos del sector privado, lo que podría llevar a una sobreestimación de los ingresos tributarios. Si el crecimiento real se acerca a las estimaciones más bajas, el gobierno podría verse obligado a reducir el gasto programado o aumentar más el déficit, lo cual podría derivar en una espiral crítica. Tengamos muy en cuenta lo que Mariana Campos, de México Evalúa señala con claridad: el Paquete Económico 2024 propone un endeudamiento de 1.8 billones y un gasto de inversión de 888 mil millones de pesos respectivamente, lo que revela que el Gobierno Federal pretende financiar con deuda gasto corriente y las obras emblema de este sexenio que se ha demostrado tienen muy bajas probabilidades de ser rentables, por lo que requerirán subsidios permanentes.
Entonces, ¿qué tan lejos estamos de una crisis transexenal si la Hacienda Pública de México es tan frágil que recauda apenas un 16% respecto del PIB frente a un 33.5% de Brasil o un 22.2% de Chile?
De acuerdo con Reinhart y Rogoff (2010), a medida que los niveles de deuda aumentan hacia sus límites históricos, las primas de riesgo también aumentan, lo que coloca a los gobiernos altamente endeudados en situaciones difíciles. Cuando la deuda soberana se vuelve "insostenible," el costo del endeudamiento también se dispara. Los estudiosos consideran un 90% de deuda respecto del PIB como un umbral razonable, pero esto depende de la fortaleza de la recaudación respecto del PIB. Para el caso de México, dicho indicador se encuentra en niveles equivalentes a economías como Ruanda o Burkina Faso, ¡otro dato preocupante! Por lo que, no es razonable argumentar, como señala la Secretaría de Hacienda, que el proyecto del PEF2024 está libre de riesgo para las finanzas públicas. En otras palabras, el shock que un desequilibrio fiscal ocasionaría una nueva pandemia o una situación bélica que cambie la geopolítica, por ejemplo, sería por decir lo menos catastrófico. Recordemos que en esta administración se consumieron los fideicomisos, los fondos de estabilización y las bolsas para responder a desastres naturales.
Es imperativo recordar que durante la segunda mitad del siglo XX, México experimentó crisis financieras a partir de 1976 debido al agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, lo que llevó al país a buscar ayuda internacional, especialmente de Estados Unidos. Durante el gobierno de Salinas de Gortari, México enfrentó una salida significativa de divisas en la cuenta corriente que fue compensada en parte por la entrada de inversión extranjera en cartera, pero que dio cuenta de la fragilidad de la posición financiera de México en el exterior.Para enfrentar la crisis el gobierno federal tuvo que recurrir a la ayuda internacional y aumentó progresivamente las tasas de interés para mantener niveles de rendimiento atractivos de inversión. Sin embargo, ante las expectativas de riesgo cambiario, el incremento de las tasas de interés fue insuficiente y tuvimos la crisis de 1995. El cambio de estrategia económica en los años noventa rindió mejores resultados en cuanto a la reducción del déficit público, el cual pasó de 10.73 por ciento del PIB en 1988, a un superávit de 4.14 por ciento en 1992; a partir de ese año, el déficit público ha fluctuado alrededor del uno por ciento con relación al PIB. Para tener una perspectiva, la relación entre balance público y PIB en 1982 alcanzó su nivel máximo con un 15%.
En resumen, resulta fundamental que seamos plenamente conscientes que la responsabilidad fiscal y el respeto a la Constitución en la gestión de la deuda pública no son asuntos exclusivos de funcionarios hacendarias y diputados, sino un compromiso compartido que nos involucra a todos los ciudadanos. En lugar de aumentar el endeudamiento para cubrir gastos corrientes y proyectos costosos de dudosa rentabilidad, la política fiscal debe enfocarse en fomentar la resiliencia económica y atraer inversiones significativas y asequibles para proyectos que impulsen la sostenibilidad, la tecnología, el empleo y la adaptación al cambio climático. Esto incluye la construcción de un sistema de protección social universal, el apoyo a las pequeñas y medianas empresas en el comercio internacional, la inversión en sectores verdes y la dotación de capacidades educativas para que la fuerza laboral aproveche las oportunidades que brinda la inteligencia artificial. Estos son los financiamientos que no están presentes en el PEF2024, pero que son indispensables para construir un futuro mejor y más sólido para México. ¿Cómo ven, estimados lectores? El PEF2024 no pinta bien.
*La autora es Directora de Inteligencia Más y maestra en Gobierno y Políticas Públicas en la Universidad Panamericana.