Desde ayer, Arturo Herrera se convirtió en un hombre terriblemente solo. De hecho, ya lo estaban desde antes él y Urzúa

Aunque la designación de Arturo Herrera para encabezar a la SHCP sea adecuada, no puede ser compensación suficiente para la separación de Carlos Urzúa del círculo del gran poder en la 4T. La separación de Urzúa sí importa, e importa por su fondo y por su forma. Por su fondo, en cuanto a que indudablemente debilita el proyecto económico de AMLO en su importante componente ortodoxo de mantener la estabilidad de precios y los equilibrios macroeconómicos fundamentales. Sin ese componente, la estrategia se acercaría demasiado a la que se siguió durante los gobiernos de Echeverría y López Portillo y que terminó en grandes desastres.

Desde ayer, Herrera se convirtió en un hombre terriblemente solo. De hecho, ya lo estaban desde antes él y Urzúa, pero al menos previo a la renuncia de este último eran un tándem. Se podían apoyar recíprocamente. Sin embargo, como lo dijo ayer Alberto Aguirre en su columna, el “extrañamiento de Urzúa a la política económica de la cuarta transformación resulta una reiteración de la falta de empatía entre el exfuncionario y el equipo de asesores más cercano al presidente”. En términos de paralelismos históricos, es precisamente algo muy parecido a lo que le sucedió al secretario de Hacienda, Hugo Margáin, en el sexenio de Echeverría.

Antes de la renuncia de Urzúa, ya muchos sabían y habían expuesto que en el gobierno de AMLO se toman “decisiones de política pública sin el suficiente sustento” y que, adicionalmente, “toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los efectos que ésta pueda tener libre de todo extremismo de derecha o izquierda”. Es decir, lo que importa no es el color del gato, sino que cace ratones. Pero no es lo mismo que esos defectos se sepan en círculos amplios, a que los denuncie por escrito el secretario de Hacienda. Y el punto clave es que dada la prominencia del presidente AMLO en su administración —prácticamente quien toma todas las decisiones— las críticas expresadas son en realidad en contra de su estilo personal de gobernar. Y de manera adicional, también hubo en la renuncia de Urzúa la acusación de que es “inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimientos de la hacienda pública”. Nuevamente, el paralelismo histórico, cuando después de la destitución de Margáin fue designado para el cargo un ignorante total sobre el tema: José López Portillo.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico