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Opinión

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La política industrial por todos lados

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Vidal Llerenas Morales

Project Syndicate, la plataforma de información y artículos de economía y política internacional, publicó sus predicciones para 2024, y en varias de ellas aparece la palabra política industrial como una tendencia para el nuevo año. Para algunos ésta es una buena noticia, es la manera como los países van a poder alcanzar objetivos sociales (misiones las llama Mariana Mazzucato) como combatir el cambio climático, orientar la industria farmacéutica hacia la atención de los riesgos de salud más importantes o acelerar el desarrollo de la tecnología en los campos de mayor impacto social.

Para otros, el poner en operación la política industrial es una necesidad resultado de que el comercio mundial ha pasado de ser global a regional, entonces, las naciones desarrollan estrategias para producir más en sus fronteras o en las de países que son vecinos o aliados. El ejemplo de la nueva política es la llamada Acta de los de los chips, impulsada por el gobierno de Biden, con el objetivo de acelerar la transición hacia la electromovilidad. Se sospecha de que, además de buscar la reducción de emisiones, la iniciativa tiene también un fin proteccionista. De hecho, eso, el proteccionismo, es una de las preocupaciones de quienes cuestionan la política industrial, ya que advierten que se pueden dejar fuera de los procesos comerciales globales a los países que no pertenecen a uno de los grandes bloques que se han conformado.

Las otras preocupaciones son las de siempre, sobre las potenciales distorsiones y a las posibilidades reales de que se logren los objetivos de las políticas y no solamente se desperdicien recursos y esfuerzos. En todo caso, los críticos recomiendan limitar las políticas industriales a incentivos fiscales y a otros, como los de naturaleza comercial, sin intervenir en otros factores de la economía.

El punto, me parece, es que la política industrial está de regreso, con tres propósitos principales: combatir el cambio climático, reducir riesgos, como el de una nueva pandemia, y responder a la nueva realidad geopolítica y comercial, en la cual los flujos comerciales se realizan entren bloques de países. México, gracias al tratado logró la integración comercial y de procesos industriales con Estados Unidos y Canadá, tendencia que eventualmente se estancó a raíz del crecimiento de China y aliados como potencias manufactureras. Ahora, gracias a la necesidad de que la manufactura se mueva a países cercanos o amigos de los Estados Unidos, el tratado tiene un nuevo potencial. Sin hacer mucho, las inversiones se han incrementado, pero, según las primeras evidencias, la mayoría se trata de empresas ya establecidas en México que aumentan su producción.

El gobierno de México habla de política industrial, pero hasta el momento las acciones han sido tímidas. Se establecieron facilidades fiscales para inversiones en maquinaria y equipo en ciertos sectores, lo cual es pertinente y acertado, aunque no es claro si eso va a influir en las decisiones de mover grandes inversiones del lejano oriente a México. Lo que se espera del país es que ponga en operación una política industria que busque maximizar las inversiones derivadas del nearshoring. Mientras que para potenciar el comercio con América del Norte bastaba un acuerdo comercial que removiera los obstáculos, que no solamente eran arancelarios, para maximizar la inversión de la relocalización se requiere de una política industrial enfocada a ese propósito.

El último reporte de BBVA sobre nearshoring en México acredita una importante inversión como resultado de ese fenómeno en los estados del norte del país, de manera creciente en el centro y en el bajío (prácticamente no existen proyectos relacionados con nearshoring en el sur), con un potencial de impacto en el PIB de 0.4% por año, pero también obstáculos serios para aprovechar su potencial. Los principales son la evidente falta de inversión en generación y distribución de energía, pero también en agua, y en los estados del sur en carreteras y en personal capacitado. Parecería que la política industrial para el nearshoring tendría que ser regional, ya que es evidente que existen regiones que ya atraen inversión, entonces, el problema es contar con la infraestructura para su puesta en operación, mientras que en otras además se requiere construir ecosistemas y mecanismos para poder dar solución a los requerimientos que cada proyecto demanda. Se trata de una política necesaria, sino alguien más lo hará, en otros países de América Latina, en Vietnam, o en Kansas City, no somos los únicos que buscamos que la inversión se mueva a nuestro país.

X: @vidallerenas

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Vidal Llerenas Morales

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York

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