En el momento en el que, en nuestro país, junto con otras naciones, se cuestiona el neoliberalismo, se nos pone enfrente la campaña por la reelección del presidente Donald Trump, quien olvidándose de Irak y Corea del Norte decide hacer de México su blanco de ataques. Nada más inoportuno para el aire de cambio que se respira en México, producto de la llegada al poder del primer gobierno de izquierda encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Como en Inglaterra, Hungría y Francia, en nuestra nación se está cuestionando el desdoblamiento del capitalismo y el torcimiento del liberalismo que se aplicó desde los años 80, conocido como neoliberalismo. La razón estriba en que, luego del contundente fracaso del llamado socialismo real, se impuso indiscriminadamente el neoliberalismo como única alternativa ideológica para la economía global, que luego de 35 años también fracasó en ampliar los niveles de desarrollo de la mayoría de la población del mundo occidental.

En efecto, el mal aplicado liberalismo económico más al estilo Hayek y Friedman, que a su verdadero origen en Smith, provocó la enorme acumulación de riqueza en unos pocos cuantos. Igualmente, se esgrimió el cuento de que el trabajo iba a desaparecer en manos de la inteligencia artificial y el poco empleo disponible lo iban a hacer los países de oriente, específicamente China, y el resto nos íbamos a pasar sentados perdiendo el tiempo en redes sociales, jugando videojuegos y pidiendo comida a Uber Eats. Al mismo tiempo se hizo creer la equivocada tesis de que todos los seres humanos más que originarios de nuestras propias regiones y cultura, seríamos ciudadanos del mundo con oportunidades similares. Así, se estimuló la disminución de impuestos a las empresas más poderosas del mundo, la socialización de sus pérdidas y la vasta concentración de riquezas surgidas de prácticas corruptas y oligopólicas. Hoy el planeta es más desigual que antes. No se puede comprobar si el neoliberalismo lo empobreció, pero sí se puede afirmar que hizo muy poco para extender la riqueza de manera más equitativa.

Así, mientras en nuestro país nos sumamos al duro cuestionamiento al neoliberalismo, por parte del gobierno, el presidente Trump pone a nuestra economía en un alto riesgo de una mayor caída. Si bien ha buscado que el área de libre comercio en Norteamérica se mantenga, el peso de su campaña de reelección estará sobre el tema antiinmigrante y su antimexicanismo. La duda que surge es si su deseo por mantener la alianza Canadá-México-EU para enfrentar a China es compatible con el creciente fenómeno migratorio, el tráfico de drogas y su campaña electoral. Estos días hemos visto cómo quiere llevar el tema migratorio de la mano del libre comercio, lo que pone a la economía de México en un gran dilema a corto plazo. La sola amenaza de poner aranceles a las importaciones de origen mexicano generó la pérdida de confianza con relación a nuestro crecimiento inmediato, presionó a la baja a los mercados financieros y afectó la paridad peso-dólar; así de vulnerable está nuestra economía justo cuando se ha venido buscando un cambio de modelo económico de desarrollo.

En estos momentos se hace importante que el gobierno del cambio, al margen de la negociación con el presidente de EU, cuide más que nunca nuestro desempeño económico, particularmente el mercado interno —gasto público, crédito bancario, consumo, logística y abasto— y al mismo tiempo atender a la clase media —pymes, profesionistas, amas de casa que trabajan- que es la que sostiene al país por su generación de empleos e impuestos. Lo mismo debe ocurrir con los empresarios quienes son la base de inversión, toda vez que por cada peso que el gobierno puede disponer para este rubro, ellos destinan 8, lo que representa la principal palanca del crecimiento hoy en día. En tanto, nuestra dependencia de EU es enorme. El año pasado vendimos 360 mmdd a ese país, lo que representa más de 80% de nuestro comercio exterior; por lo que cada 10 dólares que entran a nuestro país, 8 vienen del comercio con ellos; 1 proviene de otras naciones, y 1 se distribuye entre el turismo y las remesas. Lo anterior refleja la magnitud de nuestra vulnerabilidad para con EU, que tiene en su presidente la obsesión de exhibir y presionar a México con el tema migratorio y de venta de drogas.

En México, las bases de la estabilidad macroeconómica deben prevalecer al igual que la defensa al libre comercio y la certidumbre jurídica, al mismo tiempo que mantener la orientación que el presidente López Obrador tiene hacia una mejor distribución de la riqueza. Hoy día, la prioridad está en el extremo cuidado a nuestra economía, fundamentalmente en la parte interna.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas