La corrupción trasciende partidos y se une en los fines que, para muchos, justifica los medios. Sin embargo, al encontrarnos en la antesala del momento de mayor movimiento electoral de nuestra historia, debemos estar conscientes que la oleada de videos no hará más que aumentar, y que no debemos sucumbir ante el canto de las sirenas, que intenten hacer de la corrupción un acto romántico.

Porque este tipo de eventos están muy lejos de nuestra historia revolucionaria, se están cometiendo en el momento presente, y me parece que cubrirlos bajo el idealismo de los tiempos de antaño, podría hacernos caer en la ilusión de que hay corrupción buena y hay corrupción mala.

Ese sería el peor error.

La corrupción es una de las mayores traiciones a la democracia y al progreso social en la medida que se tiene presente, que el bien común es sustituido por el bien particular, y que en un país como el nuestro esto se traduce en el enriquecimiento ilícito de los “servidores” públicos, la compra de conciencias con fines electorales, o las aportaciones en sobres que aveces parecen, “tan lejos del INE y tan cerca de los intereses unidos”.

Con lo que quiero decir que, la naturaleza y el efecto del acto que corroe, son los mismos sin importar la cantidad, el partido, o los fines.

La difusión de los videos que muestran a Pío López Obrador, hermano de nuestro presidente, recibiendo dinero de David León para apoyar actividades electorales en el Estado de Chiapas en el 2015, hacen que le salgan algunas espinas al impoluto discurso anticorrupción de nuestro presidente, y que la pregunta de si no hay forma de hacer política sin caer en la ilegalidad, quede nuevamente en el aire.

Haciendo esto último eco con el video de Guillermo Gutiérrez Badillo, hasta hace poco secretario privado del gobernador de Querétaro, y Rafael Caraveo, quien fuera secretario técnico de la Comisión de Administración del Senado de la República. 

Parece que Bejarano hizo escuela y que el circo no ha hecho más que empezar.

Recordemos que Emilio Lozoya llegó armado con 16 horas de material audiovisual contenidos en 12 videos en los que aparecen legisladores e importantes políticos mexicanos que recibieron sobornos para aprobar la reforma energética.

Hasta aquí pudiera parecer que se avanza en el combate contra la corrupción y la impunidad de unos, mientras se olvida la de otros como Polensky, Sandoval, y Ackerman, y que a la hora de las responsabilidades, se prefiere huir a las consultas populares y esconderse bajo el manto del romanticismo de la revolución maderista.

Porque según el presidente, en el caso de su hermano “hay notorias diferencias con relación a otros asuntos, no sólo es el monto del dinero…”, porque se trata de “ aportaciones para fortalecer el movimiento en momentos en que la gente era la que apoyaba”,  y que han “sido financiados por el pueblo, “como ha sucedido cuando se han llevado a cabo revoluciones”. 

Fatal mezcla de cinismo y narcisismo, que podría detonar un lamentable debate nacional acerca de si hay corrupción buena o corrupción mala. Sólo porque una se aderezó bajo la narrativa de una de las épocas románticas de nuestra historia. 

La corrupción de todos debe ser juzgada con la misma vara, para eso está la ley, y no llegar a fondo en la investigación del caso de Pío López Obrador, con sus debidas consecuencias, sería un golpe duro al Estado de derecho.

La corrupción no es romántica.

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie 

*No te pierdas el podcast semanal de Stephanie Henaro en Spotify, Apple y otras plataformas.

Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.