Al margen del extraordinario retrato de López Obrador (AMLO), desarrollado de manera trabajada y objetiva por Enrique Krauze en su ensayo “El presidente historiador” (Letras Libres, enero del 2019), mucho me ha preocupado —quizá motivado por mi fuerte perfil académico, acompañado de la herencia de don Joan Ginebra, padre recién fallecido, que en las últimas décadas fue virando de un neoliberal reaganiano y tatcherista a un hombre de izquierdas— la filiación ideológica de López Obrador, en la medida en la que esto sea posible, según desarrollaría Daniel Cossío Villegas en su biografía de Luis Echeverría, El estilo personal de gobernar.

Lo difícil viene por varios motivos, empezando cuando en un video le preguntaron qué era ser de izquierdas y contestó “tener buenos sentimientos”. Y basta la reciente historia política para darnos cuenta que hay sinvergüenzas de izquierdas, de centros y de derechas. Lo buena o mala persona no viene asociado a ninguna filiación política. En segundo lugar, algunas de sus medidas pueden ser clasificadas claramente como neoliberales, como el énfasis en el presupuesto balanceado; su intención de recortar el dinero para la universidad y la sanidad pública —cosa a la que no se habían atrevido ni siquiera los gobiernos que AMLO tilda de neoliberales—, así como el recorte al campo y al medio ambiente (banderas de la izquierda moderna); despidos a mansalva en el sector público, instrumentados de la peor manera posible (con privaciones ilegales de la libertad para conseguir renuncias en actos que implican auténticos delitos, como el caso del SAT), y a la postre el recorte de los organismos autónomos que no tienen cabida en un ideólogo formado en los años 60 y 70.

¿Es auténticamente AMLO un hombre de izquierdas? Por sus programas asistencialistas con fuerte contenido estatal, sin lugar a dudas podemos decir que sí, muchos de los cuales, por otro lado, eran necesarios en estricta justicia social. Pero dos son los motivos que nos hacen pensar en su filosofía de izquierdas (a la que Krauze añadiría seguramente el adjetivo de “tropical”), y vienen a colación por un libro recién leído por un servidor, titulado Pensadores de la nueva izquierda (Rialp, España). En ese libro, el autor señala dos características de los pensadores de izquierda: la neolengua, o intención de incorporar nuevas palabras en el argot periodístico e ideológico (fifís, mafia del poder, etc.), elemento claramente identificable en López Obrador, y añadir a la jerga de la narrativa binomios contrarios o dialécticos (rico-pobre, incorruptos-neoliberales corruptos, burgués-proletario, partidarios de la cuarta transformación vs conservadores neofascistas). Y tomando en cuenta estos dos elementos (neolengua y discurso polarizador) creo que Andrés Manuel López Obrador tiene al menos la apariencia de un hombre de izquierdas. Fuera de esas dos características, obviamente es inclasificable para alguno de los autores mencionados en el libro.

A lo anterior, nosotros añadimos dos peligros adicionales: ver la realidad en términos ideológicos o fanáticos (como dirían Chesterton y hace poco Juan Pardinas en un artículo publicado en Reforma el domingo pasado), no contrastar sus opiniones y planes con la terca realidad, y gobernar al final para una facción (es verdad que durante 40 años el sistema desconoció a 60 millones de mexicanos, que cualquier gobierno de México debe en justicia considerar). Para algunos pensadores de izquierda —que por razones de confidencialidad omitiré sus nombres pese a su reconocido prestigio—, en los discursos AMLO utiliza una narrativa que parece de izquierda, pero en la práctica de auténtica izquierda (una izquierda técnica, que ha gobernado varios países de América Latina y Europa y que es plenamente viable), Andrés Manuel no tiene de izquierda más que el nombre. Es un político que bendecirá a los que, por intenciones de la Madre Tierra y en sus películas históricas, estén en su proyecto.

*Máster y Doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.