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Opinión

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La Cultura de la Paz, Tensiones en cada vez más frentes II

Pascual Hernández Mergoldd

La razón no quiere fuerza.

Refrán popular 

Es alarmante observar que, como resultado de una constante polarización, desencuentros, denostaciones, descalificaciones y hostilidades cotidianas generadas por una incomprensible política pública de Palacio Nacional, se normaliza la hostilidad en nuestro país. Se usa y abusa de la distracción como recurso ante los graves problemas nacionales y del ridículo internacional resultado de absurdos desplantes.

Evidentemente se ignora que un estadista ha de aplicar su energía para gestionar y resolver conflictos, no para crearlos y que es del todo inconveniente que le afecte una personalidad tóxica, cuyos síntomas consisten en quejarse de todo, hacerse la víctima, hablar de sus problemas, actuar negativamente y vivir criticando, entre otros. 

A partir de falacias, desinformación, mentiras y la entrega de dinero se pretende alcanzar una dominación de la voluntad popular haciendo creer a la población que toma decisiones. Esa enajenación no deriva de una imposición violenta, sino de la ilusión de que se elige a alguien o algo. 

Tal es el caso de la recolección de firmas para barnizar de legal la solicitud para la realización de la consulta de revocación de mandato que se basó principalmente en el engaño difundido por los seguidores del inquilino de Palacio, haciendo creer a la gente que se trata de un proceso de ratificación de mandato y no de la revocación del mismo, que se pide a partir de la pérdida de confianza al Mandatario. Ese supuesto, el de ratificación de mandato, no existe en la Ley.

En las elecciones que se celebrarán este año en siete estados el electorado creerá también que elige gobernador o a integrantes de poderes legislativos o de ayuntamientos, según corresponda, cuando en realidad los partidos políticos, en atención a intereses cupulares de sus respectivas organizaciones,  seleccionaron a los contendientes, ello sin contar la probable intervención de la delincuencia para distorsionar la voluntad de los electores, como parece haber ocurrido en las pasadas elecciones.

Como hemos comentado recientemente ya se asomaban en nuestro régimen algunos síntomas de democracia disfuncional por el autoritarismo encubierto, la simulación, la falsificación de la voluntad ciudadana, así como por el populismo, que es una expresión de la corrupción política al ser un instrumento para dividir a la sociedad, para polarizarla. Tristemente, conforme a un reporte serio recientemente publicado, ya nos encontramos entre las democracias híbridas debido a la violencia homicida que crece cada día en nuestro país y a la ambición desmedida del Mandatario por concentrar el poder. Tenemos un régimen que lastima la democracia y se transforma en un autoritarismo intolerante y cada vez más militarizado.

El gobierno parece no tener en cuenta el desánimo generalizado que ocasionan la inflación, el desempleo, la criminalidad, los desplazamientos forzados, la falta de medicamentos, la extorsión y la violencia creciente en todos los ámbitos de interacción social. Juega con fuego sin considerar que puede quemarse.

Los medios colectivos de comunicación son una expresión insoslayable de una sociedad plural y su desarrollo ha formado parte del avance político. Hace poco más de tres décadas, en junio de 1991, el entonces Presidente implantó las líneas de acción de su gobierno en favor de los periodistas y de su función profesional, tales como el respeto a su integridad física en el ejercicio de su profesión, el diseño de mecanismos para elevar su nivel de vida y el de sus familias y el establecimiento de un salario mínimo profesional. El año siguiente, en 1992, entró en vigor en el estado de Guerrero la Ley de Fomento a la Actividad de los Periodistas, impulsada por su Gobernador y redactada a partir de consultas a diversas organizaciones de ese gremio. Dicha Ley desarrolló, en favor de los periodistas, aspectos tales como la seguridad e higiene en su actividad profesional, sobre la vivienda y suelo urbano, apoyo a la capacitación y mejoramiento técnico profesional, así como la creación de un fondo de apoyo y de la protección personal, entre otros temas. Esa disposición llenó un vacío en la materia ya que no se había previsto en ordenamiento legal alguno el fomento y la protección a los periodistas, más allá de los dispuesto en la Constitución por lo que hace a la libertad de prensa y de expresión. 

En la actualidad preocupa que se respete menos el Estado de Derecho, lo cual está a la vista de todos. Crecen las espirales de violencia con macabros resultados, entre ellos, la ejecución de cinco periodistas, sólo en lo que va de este año y somos testigos de los embates personales del Presidente contra un periodista, enfilando todo el poder del Estado para acabarlo, sin considerar que se está violando la Constitución, varias disposiciones legales y muy probablemente cometiendo peculado al utilizar recursos públicos en ese afán personal. 

Esta realidad nos recuerda que vivimos en una sociedad en la que la creciente discordia está tan arraigada que un cambio parece poco viable, sobre todo si se estimula desde Palacio Nacional.

Las tensiones en cada vez más frentes propician que la sociedad civil despierte y exija ser escuchada. Nadie puede dudar que ignorarla y descalificarla ha sido un grave error del Mandatario que le puede traer serias consecuencias. 

Los mediadores estamos comprometidos con el cambio cultural que restaure el tejido social, se recupere la cordialidad y la cultura de la paz que nos permita salir de una cultura que se distingue por la violencia en todos los ámbitos. 

Por eso, como lo hemos planteado una y otra vez, insistimos en la búsqueda de soluciones a las diferencias, aprovechando el dialogo y que desde el gobierno se dé el primer paso. Desde luego, ello implica que los derechos humanos de toda persona sean respetados y recordar que las reglas también aplican para el Mandatario. 

La realidad que nos impone esta grave crisis exige que todos propiciemos una convivencia en armonía, en una cultura de la paz. 

Debemos atenuar y detener la creciente discordia y con ello evitar que el odio se salga de control. 

*El autor es abogado y mediador profesional.

#mediacionenmexico

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

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