El despliegue de la Guardia Nacional en quince estados y en Washington, la designación de Antifa como un grupo terrorista doméstico, y el grito de “no puedo respirar” de muchos estadounidenses que hoy se unen bajo la figura de George Floyd, hacen que el enemigo a vencer sea difícil de identificar, en un contexto global en donde la llegada de uno invisible, ha acelerado el plazo de pago de las cuentas sociales que los países tienen pendientes y, en el caso de Estados Unidos, el racismo parece no ser la excepción.

Las últimas palabras de Floyd, “no puedo respirar”, un afroamericano que fue arrestado en Minneapolis y declarado muerto después de que un policía lo arrestara y sometiera poniéndole la rodilla en el cuello, han desatado el dolor y la ira de miles de personas que han salido a las calles de Estados Unidos. Después de que, el video de este incidente, se volviera viral.

Más de dos docenas de ciudades promulgaron toques de queda durante el fin de semana, y los gobernadores activaron las tropas de la Guardia Nacional para mantener a las multitudes en casa.

La mayoría de las protestas fueron pacíficas, pero hubo casos en donde algunos manifestantes se volvieron violentos y comenzaron a incendiar edificios, destrozar ventanas de negocios, a cometer saqueos, y a chocar con las fuerzas policiales, entre otras cosas. Por lo que se ha declarado que grupos como los supremacistas blancos, los anarquistas, y los antifascistas (antifa) están detrás de parte de esa violencia.

Llegando a un punto en donde, mientras la pureza de las protestas se ve diluida, el ejecutivo se permite recurrir a la fuerza para mantener el orden público.

¿En dónde está el enemigo?

Porque, independientemente de en qué lado se encuentre el mal uso de la fuerza en las protestas, para muchos afroamericanos el enemigo se ha centrado en un racismo sistémico que los ha dejado fuera del “sueño americano”, que “no les permite respirar”, y que ha quedado evidenciado incluso por la pandemia, cuando afroamericanos y latinos,  mueren a tazas más altas que la población blanca, porque permanecen como grupos vulnerables.

En el sur de EEUU, el Coronavirus está matando a los afroamericanos de manera desproporcionada. Porque es una región en la que viven en la pobreza y sufren de enfermedades crónicas.

Luisiana, uno de los estados más afectados, fue el primero en categorizar las muertes por raza y el gobernador, John Bel Edwards, anunció que estos representan el 70% de los fallecidos, aún cuando sólo conforman el 33% de la población del estado.

La misma situación se repite en los estados de Georgia, Alabama, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Michigan e Illinois.

Por otro lado, en el caso de NY, el virus tiene el doble de víctimas hispanas y afroamericanas que blancas. Representado los afroamericano el 24% de la población y el 28% de las muertes.

Estas son las cuentas pendientes en la lucha social de Estados Unidos que el Coronavirus ha acelerado y que, hoy se unen a las últimas palabras de George Floyd, mientras la policía dispersa manifestantes y Trump dice que las protestas “son un crimen contra Dios" y que han sido descarriladas por los actos de terrorismo interno de Antifa.

¿Quién es el enemigo?

Porque parece que el nombre de George Floyd hoy le da una cara a la justicia que, grupos vulnerables como los afroamericanos, llevan décadas pidiendo.

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie

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