A unas horas de que Donald Trump jure como presidente de Estados Unidos, el mundo padece gran ansiedad por la enorme incertidumbre que genera su personalidad tan voluble. La tensión ha venido a más cada vez que abre la boca o publica un tuit, pues no ha dejado de atacar a México ni de amenazar a las empresas automotrices que quieren invertir más en nuestro país.

No necesitamos un diagnóstico oficial para saber que Trump padece enfermedades que son muy evidentes. La primera es miopía. Su visión sobre lo que México es y lo que significa para Estados Unidos es paupérrima y se limita, cuando mucho, a 140 caracteres.

Su conocimiento tan limitado sobre cómo funciona el comercio internacional o el mercado laboral lo ha llevado a declarar una y otra vez que México se ha aprovechado de Estados Unidos. En todo caso, si el comercio fuera un juego de suma cero (que no es), quienes más se han aprovechado y beneficiado son ellos (sin mencionar la compra y consumo de drogas además de la venta de armas).

Su visión sobre la relación bilateral es tan limitada (a pesar de que los trajes de marca Trump son de manufactura mexicana) que no alcanza a dimensionar el beneficio económico para millones de estadounidenses cuyos ingresos dependen de sus exportaciones a México gracias precisamente al TLCAN o al turismo de mexicanos.

Además de miopía, Trump padece diarrea verbal y estreñimiento de ideas. Su estrategia de comunicación desde el principio ha sido vomitar frases cortas con las que cierra toda posibilidad de entrar en detalle sobre cualquier tema e impone su visión cortísima de la realidad evitando las réplicas.

Su estreñimiento de ideas ha sido evidente en cada intervención, entrevista o tuit. Se limita a responder, casi siempre agrediendo, lo más elemental sin entrar en detalle. Su soberbia lo hace creerse dueño de la verdad e incluso menospreciar a los servicios de inteligencia, pues encima padece de enorme desconfianza porque quizás piensa que todos son tan perversos como él.

Aún no sabemos si tenga remedio. Lo mejor para nosotros será pensar que no y que incluso estas enfermedades serán degenerativas. Hagamos a un lado la ingenuidad y, a través de nuestras decisiones, dejemos claro que, en una relación de mutua dependencia, México no permitirá ataques ni decisiones que afecten ni a los mexicanos viviendo en Estados Unidos ni a nuestros intereses. Ya basta de menospreciarnos y pegarnos. Que se busque otra piñata.

Twitter: @armando_regil