El proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) se ha convertido en un punto de debate en la campaña presidencial. Lamentablemente, las críticas se enfocan erróneamente a cuestionar el proyecto queriendo cancelarlo y sustituirlo por otro de dudosa viabilidad técnica. Sí es válido cuestionar si el proyecto no representa un sobrecosto debido a la corrupción, ya que un financiamiento de esta magnitud en manos de un gobierno considerado como el más corrupto de los últimos tres sexenios causa esa suspicacia. Pero los hasta ahora 321 contratos celebrados (que cubren 140,000 millones de pesos) pueden ser consultados públicamente (www.aeropuerto.gob.mx). Además, la OCDE ha aportado métricas para las mejores prácticas en materia de contrataciones públicas, de gobernanza y transparencia. Pero se deben practicar constantes auditorías en tiempo real.

Desde hace dos décadas, se comenzó a plantear la necesidad de un nuevo aeropuerto, ante el eventual rebasamiento de su capacidad. El tope de pasajeros por año es de 32 millones; dicho nivel se alcanzó en el 2013. En el 2017 la cifra alcanzó 44.7 millones. Ésta es una primera explicación de su ineficiencia y mal servicio. Los aeropuertos deben ser planeados en terrenos muy extensos que permitan su expansión para los siguientes 50-100 años. Nuestro aeropuerto inició en 1952, en unos terrenos amplios que quizá preveían una expansión así. Sin embargo, el crecimiento de la megalópolis fue mucho mayor al previsto y los terrenos aledaños, que debieron haber servido para expansiones futuras, poco a poco se fueron urbanizando. Una comparación con un aeropuerto con cifras similares de pasajeros y de operación son ilustrativas de la falta de visión futura que se tuvo en México. Tomemos el de Houston, que mueve al año 41.6 millones de personas, similar a nuestro aeropuerto y tiene prácticamente el mismo número de operaciones (450,000). Pero su extensión actual es de 40.5 km cuadrados (México 7.7 km cuadrados), tiene 5 pistas (México 2) y 5 terminales (nosotros 2). Tiene terrenos para expandirse todavía más en las siguientes décadas. Lo dramático es que el NAIM apenas corregirá la condición actual, pues el terreno total es de 44.3 km cuadrados, con 3 pistas, 50 millones de pasajeros y mismo número de operaciones. Se prevé una expansión máxima a lo largo de varios años (pero sin especificar) para tener 6 pistas y mover 120 millones de personas con 1 millón de operaciones.

Un aeropuerto eficiente cataliza el turismo y la actividad económica, al facilitar las operaciones de carga. Además, podría desplazar a Miami como la principal puerta (hub) hacia América Latina. Me parece que un discurso más razonable de López Obrador es dejar de objetar el proyecto per se. Repito, es válido que cuestione los costos y exija auditorías. Pero, mejor aún, debería considerar que el proyecto generará empleos y podría proponer mejoras urbanísticas en la zona. A su vez, podría plantear un buen uso del aeropuerto actual, como sería transformarlo en un gran parque ecológico con un gran centro de esparcimiento y de comercio que tendría un valioso beneficio social. Todos saldríamos ganando.