Ayn Rand fue un personaje de medio siglo. La mayor vitalidad de su pequeña secta se dio en los años 60, que con el paso del tiempo llegó a ser una poderosa secta, denominada Nexivm, con el Sr. Granier como su fundador, pero inspirado plenamente en las ideas de Rand y promoviéndolas a través de organizaciones no gubernamentales en México.

Su obra y sus ideas, sin embargo, tuvieron un retorno espectacular en los años 80. El presidente Reagan la invitó a la Casa Blanca para rendirle homenaje. Y poco después de su muerte, en 1985, Leonard Petkoff fundó el Ayn Rand Institute, que tiene un presupuesto anual de 1.8 millones de dólares, y se dedica a patrocinar clubes universitarios dedicados al estudio de la obra de la autora. A partir de entonces, sus libros han tenido ventas constantes, cientos de miles de ejemplares al año, en todo el mundo.

Es dudoso que haya devotos de Rand como lo fueron los miembros de la secta. Pero su popularidad es muy elocuente. La defensa beligerante del egoísmo tiene afinidades obvias en el espíritu del tiempo. La dureza y la insolidaridad son virtudes cardinales del credo de Ayn Rand, y la compasión es un defecto. Peor todavía, la compasión institucionalizada, organizada por el Estado. Sirve de broche de oro para el programa neoliberal en su versión más cruda. Los ganadores, los que han tenido éxito, los ricos, son además los mejores, y hacen bien en olvidarse de los fracasados, y no dejarse engañar por las falacias del altruismo.

No es formal, no es cosa del pasado. El Saxo Bank de Dinamarca tiene como base para la formación de sus empleados las Siete Virtudes para la formación de sus empleados, y ha repartido más de 15,000 ejemplares de los libros de Rand en la última década. Desde el año 2012, el Adam Smith Institute patrocina una Conferencia Anual Ayn Rand, para mantener vivas sus ideas (normalmente hablan ejecutivos de grandes empresas, que anuncian la próxima rebelión de Atlas).

Por cierto: la organización, que vincula las fundaciones y centros de estudio neoliberales, debe su nombre a la novela de Ayn Rand.

El problema del neoliberalismo de gente como Rand es que a través de ideas, instituciones, congresos y eventos, logran diseminar la ideología neoliberal, quizá con un éxito mayor que el que utilizaba la Inteligentsia rusa para difundir el comunismo. Y esto se respira, de manera que va modelando a las sociedades, especialmente la norteamericana, que por tratarse de la primera potencia del mundo, en particular en el ámbito cultural, permea a toda la civilización occidental.

Aunque no sólo Rand es la culpable de esta diseminación del neoliberalismo: Hayek, ganador del premio Nobel en 1974, famoso por su Camino de Servidumbre, considera al individualismo una corriente filosófica más avanzada que el altruismo.

Ergo, no nos debe extrañar después el número de divorcios, de familias uniparentales, los abusos contra los menores y las mujeres, el narcotráfico, la violencia, el aborto, la pornografía, los embarazos de adolescentes y la proliferación del alcoholismo y la drogadicción, todos ellos basados en la proliferación del egoísmo que propone Rand. ¿Existirá algún pensador que nos haga volver sobre nuestros cabales? ¿O tendremos que pasar más tragedias para ver si de este modo enderezamos el camino?

*Máster y doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.