Leí con detalle el libro recién aparecido de las ponencias promovidas por la fundación para la libertad, de Vargas Llosa y Enrique Krauze en el Congreso organizado con la Universidad de Guadalajara el año pasado titulado Desafíos de la libertad en el siglo XXI, foro sobre la actualidad mexicana (Taurus, 2019, México). Por él desfilaron los ahora, yo diría repetidos, que en algún momento fueron identificados como progresistas de la revista Vuelta —sin quitarle los méritos de aquel entonces cuando vivía Octavio Paz a favor de la democracia— y celebraron un congreso con la misma intención ante la caída del Muro de Berlín, sólo que ahora con la finalidad de analizar los riesgos para la libertad que implicó la llegada al poder del populismo de López Obrador. Mi conclusión tras su lectura es que no pasan de un “superficial ejercicio intelectual sin originalidad alguna —yo diría como el del fariseo que se “autohalaga en el Evangelio” cuando hace su examen de conciencia, que merece un reproche final al compararse con el contaminado del publicano del evangelio—.

No es mi intención tampoco vender un discurso de López Obrador y de la 4T como opción política, pues en menos de un año de gobierno no puede presumir más que de caos, soberbia, ineptitud e intolerancia (al igual que la misma “intolerancia” de Enrique Krauze en su revista Letras Libres que no son tan libres); al igual que Vargas Llosa cuando se define como liberal o libertario, pero se opone el nacionalismo catalán y lo identifica poniéndolo al mismo nivel que el resto de fenómenos populistas, mostrando una clara ignorancia política e histórica, amén de su innegable calidad como novelista —que no como economista, que no pasa de ser una economía de un neoliberalismo panfletario ahora ya retrógrado—.

Un filósofo español, Leonardo Polo, postula en su epistemología del conocimiento “el abandono del límite mental”. No nos podemos poner a explicar de manera simple lo que ello significa (le dedica cuatro áridos tomos de sus obras completas sólo para explicar esta postura), pero simplificando un poco animaba a los intelectuales a pensar en modelos que superaran las teorías económicas y sociales antiguas o vigentes que no tuvieran la suficiente entidad para “fundar la realidad”. Y en ellas caen tanto la 4T, como el simplista discurso repetitivo de folleto de la Escuela de Chicago y de Austria de la Fundación Internacional para la Libertad, que fue el think thank tras el cual se organizó el evento y ahora, su recién publicada memoria.

Necesitamos abandonar el límite mental. Repetimos: si la única opción contra la difícil y surrealista 4T no es más que el liberalismo filosófico, político y económico que proponen los participantes en ese coloquio, como dicen los españoles, mejor apaga la luz y vámonos. Pero sostenemos con esperanza, como Polo, que el hombre tiene las capacidades mentales para alcanzar la verdad y pensar la realidad con cierto fundamento de verdad.

Hay que pensar desde otras coordenadas abandonando el límite mental de los dos modelos planteados, el de Vargas Llosa y el del surrealismo de la 4T, ya que de otro modo —aunque los primeros de ellos pongan el énfasis en la libertad—, podríamos decir parafraseando a Goya, que si el sueño de la razón engendra monstruos, el sueño de la libertad de los neoliberales de la fundación para la libertad  de las ponencias del libro Desafíos de la libertad en el siglo XXI—un individualismo materialista, determinista y subjetivista— engendra también películas de horror, por lo que tampoco son opciones para la reconstrucción espiritual de México que se propusieron en su momento los Siete Sabios de México, en el —por otro lado estupendo— libro de Enrique Krauze, Caudillos culturales de la revolución mexicana.