Estados Unidos no está tan lejos de causar un cataclismo financiero mundial y todo, al final, tiene origen en el enfrentamiento político entre los que gobiernan ese país.

El problema no es que la economía más poderosa del mundo esté imposibilitada de hacer frente a sus dificultades fiscales. No es como Grecia, que no tiene recursos para pagar todo lo que debe, o como España, que tiene que hacer planes de corrección fiscal partiendo de una recesión y el peor desempleo en Europa.

Si Estados Unidos hubiera iniciado un plan de corrección fiscal hace un par de años, seguro que sus tasas de crecimiento habrían sido menores durante los trimestres anteriores, pero, ahora, estaría en posibilidades de pensar en un 2013 de crecimiento sostenido y finanzas públicas sanas.

Pero no. No lo hicieron, básicamente, porque republicanos y demócratas se han radicalizado.

Para que podamos entender un poco este sentimiento de aberración que tienen las dos partes, podríamos recordar los tiempos de Vicente Fox.

A principios de este siglo, cuando Fox Quesada utilizó la franquicia del PAN para llegar a la Presidencia, no hay duda de que los más enojados fueron los priístas. Habían perdido la Presidencia, que mantuvieron ininterrumpidamente durante más de 70 años, y lo hicieron a manos de un personaje muy peculiar.

Fox encarnaba la posibilidad de terminar con la hegemonía priísta y, con ella, con todos los vicios que habían traído muchos de los gobiernos emanados de dicho partido.

Las esperanzas eran altas. Los priístas no lo dejaron gobernar y el panista no supo cómo hacerlo. No supo cómo negociar. El resultado fue la parálisis y el fracaso de la alternancia. Además de otros vicios, como el libertinaje de los gobiernos locales y el crecimiento de la delincuencia organizada.

A muchos republicanos les sucedió igual con Barack Obama. El demócrata había llegado a la Casa Blanca con la expectativa de acabar con los claros abusos de George W. Bush y con muy altas expectativas de hacer bien las cosas.

Yes we can , gritó Obama para ganar. We will see , le respondieron los republicanos. Y aquí estamos, atorados en los enredos de la política estadounidense.

Hacia la última semana de febrero, Estados Unidos alcanzará, de nuevo, su nivel máximo de endeudamiento permitido. No es que se vaya a quedar sin dinero para pagar, como los griegos, irlandeses o portugueses. No. Simplemente, el gobierno no tiene permiso legal de imprimir más dinero para pagar las cuentas.

Y no es que vayan a sufrir los multimillonarios inversionistas con papeles de deuda. No tener dinero disponible para ese país implica no poder pagar salarios, jubilaciones, soldados, proveedores y, claro, también a los tenedores de bonos.

Un análisis de una comisión bipartidista del Congreso considera que, por ahí del 15 de febrero, el gobierno de Estados Unidos tendrá en la caja algo así como 9,000 millones de dólares disponibles. Pero por esos días tendría cuentas por pagar por 52,000 millones de dólares.

En la fila de cobro de esos días de febrero estarán los que cobran intereses por la deuda, los que esperan que les regresen impuestos, los que cobran un salario en el gobierno, los militares, los que prestan servicios de salud y los siempre triunfadores contratistas militares, entre muchos otros acreedores.

Si se encuentran con que la ventanilla está cerrada y con un letrero que diga algo así como : Disculpe las molestias, pero ya no tenemos dinero , ese día conoceremos algo similar al Armagedón financiero.

La quiebra de Lehman Brothers, los rescates europeos, la posible salida de Grecia de la zona euro... Vamos, hasta la amenaza de caer en el precipicio fiscal, que vivimos a finales del año pasado, parecerían juego de niños comparado con el tamaño de la reacción de los mercados.

Hay algunos legisladores que quieren, en la conciencia de que podrían ponerse las cosas muy feas, pasar una legislación urgente donde al menos se garantice el pago de los tenedores de deuda. Son a los que más miedo les tienen, por sus reacciones en los mercados.

Otra vez, demócratas y republicanos están jugando al juego de la gallina. Ninguno de los dos grupos políticos quiere ceder y pueden generar un encontronazo financiero mundial que nos pese a todos.

Ahora, si encuentran una solución que implique ajustes fiscales más profundos, también habría consecuencias económicas que podrían llegar hasta la recesión. Pero ésa es otra historia.

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