Se calcula que México destina hoy unos 10,000 millones de pesos para atender la Insuficiencia Renal Crónica (IRC), pero es un monto totalmente insuficiente. De 120,000 pacientes renales que se estima hay en México, apenas la mitad recibe tratamiento. El resto muere sin atención renal.

Para cubrir a todos se tendría que duplicar la cifra. Sin aumentar el gasto en salud resultaría imposible; se tendría que jalar la cobija de un lado destapando a otros padecimientos. Gabriel O’Shea, comisionado federal del Seguro Popular, ha explorado opciones incentivando a los estados para que destinen un porcentaje de sus recursos del Seguro Popular a atender la IRC, pero pocos lo han aprovechado.

Deben encontrarse alternativas efectivas que incorporen a esos pacientes no derechohabientes del IMSS, ISSSTE, Pemex o del Ejército. Todo depende de ubicar dónde sacar más recursos, y cubrir a un enfermo renal que tiene el mismo derecho de ser atendido como el enfermo de cáncer, el de VIH-sida o de otras enfermedades sí cubiertas. Es una grave injusticia social que nuestras autoridades tienen muy clara.

Lo más dramático es que en México la enfermedad renal está en notorio ascenso debido a la epidemia múltiple de diabetes, hipertensión y obesidad. Un enfermo de riñones puede seguir viviendo, pero debe estar periódicamente conectado a una máquina para suplir su función renal, y ello puede costar de 8,000 a 15,000 pesos mensuales.

Una opción a la que otros gobiernos están recurriendo es la subrogación del servicio integral en clínicas privadas que dan la diálisis pero también garantizan mantener el control y la calidad de vida del paciente. Es la tendencia mundial.

Fresenius es la empresa más grande que ofrece ese servicio, con más 3,300 clínicas de servicio renal atendiendo a 230,000 pacientes en 45 países. En México, Fresenius tiene 22 clínicas atendiendo a más de 5,000 pacientes, pero sólo da el servicio de hemodiálisis. En otros países de Europa y en Estados Unidos las clínicas de Fresenius se hacen cargo de una atención integral donde el objetivo es el control del paciente. Aparte de terapia sustitutiva de riñón, hacen un seguimiento constante con medicamento y atención adecuada para poder garantizar su calidad de vida. En principio, se deben hacen inversiones cuantiosas, pero a la larga se entiende que para un sistema de salud resulta más eficiente y económico. Al lograr el control del paciente, se reduce el gasto en hospitalización y en terapia intensiva por complicaciones que hoy en día son de lo más comunes para un paciente renal en México.

Alfredo Merino, director general en México de Fresenius, opina que si aquí no hemos llegado al servicio integral es porque en principio se ve más caro, pero el beneficio se vería de inmediato y en un año los costos por complicaciones y hospitalización de enfermos renales se reducirían notoriamente. Actualmente, el que tiene el control del paciente renal en México es el IMSS. Y las clínicas de Fresenius son sólo una extensión de su infraestructura hospitalaria, pero no bien aprovechada, porque el paciente se dializa y se regresa al médico del IMSS para tratamiento. La realidad es que el enfermo renal en México -aun cuando es dializado- muchas veces no está bien controlado.

De acuerdo con la presidenta del Instituto Mexicano de Investigaciones Nefrológicas, Magdalena Madero, la mitad de los enfermos renales en México mueren sin terapia, y los que sí la reciben constantemente llegan a sufrir infecciones y otras complicaciones.

Grupo Ángeles con su cadena de hospitales es otro que también compite ofreciendo el servicio de hemodiálisis con 10 clínicas, las cuales a su vez son apoyadas por la misma Fresenius. Es un nicho de negocio de la salud que evidentemente seguirá creciendo.

@maribelrcoronel